México y su papel en la multipolaridad

Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, el mundo se reconfiguró de la siguiente manera: el bloque de Occidente, liderado por Estados Unidos, y el bloque del Este, liderado por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS); sin embargo, hubo un tercer bloque: el de los paises no alineados (México formó parte de este bloque durante la Guerra Fría), el cual tuvo como finalidad conservar una posición neutral frente al conflicto geopolítico entre Estados Unidos y la URSS.

El sistema internacional se encuentra regido por las relaciones entre Estados, organismos internacionales, empresas trasnacionales, sectores de la sociedad civil, organizaciones no gubernamentales, entre otros actores políticos (algunos con más relevancia que otros, pero que de igual manera influyen en la gobernanza global) y que, además, son entes inmersos en las relaciones de poder (polaridad) dentro de la política global.

Pereira C., Juan y Neila H., José Luis (2001) afirman que el fenómeno de la polaridad se nos presenta como categoría histórica. Las potencias que han surgido a raíz de los diversos procesos históricos han producido como consecuencia una determinada configuración del sistema internacional, donde se constituyen estas como polos.  Los polos, de acuerdo con palabras del catedrático universitario español especializado en relaciones internacionales, Kepa Sodupe, “se refiere a aquellos Estados que por su importancia relativa poseen un papel esencial en la definición de la estructura”. 

Alejandro Deustua (2005), menciona que la polaridad en la estructura del sistema internacional es definible por el número de actores relevantes de un sistema. Estos actores relevantes, como los llama Deustua, son los polos dominantes. Los polos dominantes son “aquellos Estados cuyas capacidades o recursos, muy superiores a los del resto, afectan decisivamente a la configuración de poder” (Sodupe, 2002).  Grosso modo, la polaridad es la relación de poder entre un Estado y otro dentro de la estructura internacional.

Por otro lado, Rodríguez Hernández, Leyde E. (2014) define a la multipolaridad de la siguiente manera:

La particularidad de este sistema radica en que las potencias principales son más de tres y sus fuerzas no son demasiado desiguales. En este sistema aumenta la previsibilidad y disminuye la posibilidad de conflicto y la negociación diplomática debe anteponerse a la guerra para poder mantener el equilibrio.

México desde la edad contemporánea, derivado de una política exterior activa, estuvo inmerso dentro de un sistema multipolar complejo, por un lado, en virtud de la vecindad con Estados Unidos los gobiernos mexicanos tuvieron una relación estrecha en materia política, migratoria y comercial con el vecino país del norte, a la vez, los presidentes mexicanos, emanados del Partido Revolucionario Institucional (PRI), enarbolaban un discurso nacionalista que permeaba en la política interna y externa.

Era común que México tuviera relaciones diplomáticas con países del bloque de occidente al igual que con paises que tenían afinidad con el bloque del este, por ejemplo, el gobierno de López Mateos respaldó la Revolución que encabezó Fidel Castro; de igual manera, en el sexenio de López Portillo el gobierno operó políticamente y mediante armamento (dicho esto por el hijo del excanciller Jorge Castañeda Álvarez), para que la causa del Frente Sandinista de Liberación Nacional se concretará en Nicaragua.

El papel de México en el sistema internacional en el pasado sin duda fue rico en cuanto a contribuciones: fue impulsor del Tratado de Tlatelolco, creador del Grupo Contadora, fue puente entre paises para dirimir conflictos, entre otras aportaciones, todo ello gracias al excelente capital humano del servicio exterior mexicano y a los buenos diplomáticos que había.

¿Vivimos en un mundo multipolar?

En efecto, vivimos en un mundo multipolar. Estados Unidos dejó de ser la gran superpotencia, solo es Hegemón indiscutible en el ámbito militar, mientras que en el aspecto económico la Unión Europea y China compiten con aquel país.

¿Qué está haciendo México en el contexto del sistema multipolar?

México está tratando de recuperar su liderazgo como líder de la región en los distintos organismos de los que forma parte para incidir en la toma de decisiones la política global y regional, siendo el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) la principal plataforma.

La política exterior mexicana debe proyectarse más y no ser insular, es necesario que el mundo sepa que México quiere cooperación en ciencia y tecnología, que sepa que México está a favor del multilateralismo, una mejor redistribución de la riqueza y un mayor intercambio comercial.  La voz de la diplomacia mexicana debe ser parte activa a la solución de los conflictos que se presentan en todas las regiones del orbe.

Es imprescindible que México no solo continue, sino que impulse aún más una cooperación económica, comercial y cultural con Estados Unidos, pero también que inicie y profundice relaciones con otras regiones del mundo. Por ejemplo China, que se encamina a ser la primera potencia económica a nivel mundial, es un país que en otro tiempo era competidor nato de México en manufactura, no obstante, hoy en día la situación es distinta, el valor agregado de los productos chinos y el poder adquisitivo de la población china ha permitido el fortalecimiento de su mercado interno, como resultado de ello la economía china pasó de ser una economía del sector secundario a ser una economía del sector servicios, lo que resulta benéfico para México ya que China deja de ser un competidor, de esta forma el gobierno mexicano podría buscar un mayor intercambio comercial con el gigante asiático.

¿Cuál debería ser la agenda de México en el actual contexto del sistema internacional multipolar?

El presidente de México ha dicho que la mejor política exterior es la política interior, de tal manera que ha sido objeto de críticas por su forma de concebir la política exógena. La política exterior debe ser aquella en la que se tiene una agenda proactiva en los distintos organismos internacionales; no se puede tener una política exterior insular, eso sería contradictorio. Como potencia emergente, México debe tener una voz activa en la organización de la estructura del sistema internacional multipolar, es necesario que se discuta el papel de las organizaciones internacionales en la gobernanza global y plantearse qué tanto han hecho para combatir la desigualdad social; asimismo, es necesario que México y la comunidad internacional discutan cómo tendría que ser el Nuevo Orden Económico Internacional de estos tiempos.

México debe proyectarse ante el mundo como lo que es: una potencia emergente que en el sistema internacional juega un papel importante; de acuerdo con un informe presentado en 2017 por PwC, World in 2050 de PwC, The long view: how will the global economic order change by 2050?, la economía mexicana en 2030 estará en novena posición, mientras que en 2050 será la séptima. México necesita adentrarse más en la cooperación de desarrollo tecnológico con otros países, día con día la forma de vida será más digitalizada, el desarrollo tecnológico tendrá mucho que ver en el progreso del país.

Actualmente dentro del sistema internacional multipolar las políticas para mitigar el cambio climático son de orden prioritario, México es un país rezagado respecto a políticas que promuevan la economía verde, por lo que es imperativo que el Gobierno Federal, así como los gobiernos estatales y municipales trabajen en este importante tema que a todos atañe.

La multipolaridad es cambiante, México no puede ser espectador de las transformaciones que acontecen a nivel internacional, es menester que el Canciller Marcelo Ebrard y el presidente López Obrador tengan la voluntad política de que México sea una nación más globalizada. Decía el exprimer ministro chino (1987-1998) Li Peng: “Un mundo multipolar no puede existir sin el reconocimiento de la situación y participación de los paises en desarrollo”.

Gerardo Torres Valdés
Gerardo Torres Valdés

Licenciado en Comercio Internacional, cuenta con un certificado de Análisis en políticas internacionales. Es apasionado de la política, administración pública y las relaciones internacionales. Colabora en Grupo Milenio a través de su columna “Nuevos Rumbos”.

Desafíos y oportunidades de la política exterior mexicana en Asia Pacífico

Por Andrés Herrera Esquivel

Asia Pacífico se ha convertido en una de las regiones más dinámicas para el escenario internacional. La importancia que tiene para el comercio, las cadenas de suministro globales y la seguridad son solo algunos de los temas que justifican su relevancia. México ha sido un aliado estratégico desde años atrás, lo que le ha permitido crear nexos de cooperación entre ambas regiones.

Dado el contexto actual y las oportunidades de crecimiento, México debe prestar especial atención en actualizar su política exterior para Asia Pacífico, tomando en cuenta los beneficios económicos y culturales, pero también haciendo énfasis en las tendencias políticas y retos actuales. México tiene el potencial de promover alianzas con otros países para que puedan abrirse nuevos frentes de cordialidad para la diplomacia mexicana.

Esta misión no está exenta de desafíos, especialmente por las tensiones actuales entre China y Estados Unidos. Sin embargo, el tiempo es propicio para invertir esfuerzos en analizar la situación actual y proponer una política exterior activa y estratégica para Asia Pacífico. Para ello, es importante primero, el analizar los sucesos importantes y las tendencias con el objetivo de identificar temas relevantes y espacios de oportunidad.

Nubarrones geopolíticos

Compuesta por una gran cantidad de países desde India a Australia, las situaciones que ocurren en esta parte del mundo pueden tener un alto impacto en la política exterior de aliados clave como China, Corea del Sur o Japón.

Sin duda alguna, el tema que domina la región son las tensiones entre China y Estados Unidos, la cual pone sobre la mesa el tema de la seguridad regional. Por un lado, Estados Unidos promueve una red de alianzas compleja compuesta por el nuevo pacto militar Aukus con Australia y Reino Unido y por la alianza estratégica del Quad con Australia, India y Japón enfocada en la colaboración tecnológica y en proyectos de infraestructura y salud (Castellanos, 2021).

China por su parte, busca manejar este frente de alianzas al promover el control de Hong Kong, Taiwán, y su posición actual en el mar Meridional, donde ha realizado continuos ejercicios navales con nueva tecnología militar. También impacta en su política exterior las diferencias territoriales con Japón, las disputas con India en los Himalayas y la carrera armamentística de Corea del Norte (Traslosheros, 2021). Si bien, con ambos países existen puntos de cooperación, en la práctica el panorama resulta más complejo, especialmente por el asunto con Taiwán.

Esta rivalidad sinoestadounidense impacta evidentemente en los demás países de la región. Este escenario puede verse reflejado en las dinámicas dentro de la Asociación de las Naciones de Asia Sudoriental (ASEAN) que ha tenido dificultades en establecer planes de acción claros e incluso mantener su unidad (Choong, 2021). De ahí que se desprendan otros temas que competen a la región como lo son el caso de derechos humanos y gobernanza en Myanmar, las protestas contra el gobierno militar de Tailandia o las elecciones presidenciales en Filipinas.

Asimismo, México debe estar atento de tres elecciones importantes en 2022 que se celebran en Estados clave: Australia, Corea del Sur y Japón. El resultado dentro de los gobiernos puede implicar cambios en sus planes de desarrollo nacional y el posicionamiento dentro de la rivalidad sinoestadounidense.

Por todo lo anterior, no sería del todo incorrecto afirmar que la integración actual en Asia Pacífico presenta nubarrones geopolíticos como bien comentó el ex Embajador de Nueva Zelanda, Dr. Traslosheros (2021), donde fortalecer los mecanismos de diálogo es tanto urgente como necesario.

Visión de México hacia Asia Pacífico

Previo a la formulación de propuestas de política exterior que pongan en perspectiva un panorama claro de las tensiones y retos actuales, una tarea pendiente es confirmar el papel relevante de México en la región. Es necesario comprender que geográficamente México se encuentra incluido en el espacio de influencia y, por lo tanto, la región merece una cuidadosa atención tal como se le da a América del Norte o a la Unión Europea.

León-Manríquez, & Apango (2015) recomiendan poner en el centro de la conversación, que México es un país bioceánico con amplio litoral hacia el Pacífico, aspecto que ha promovido el intercambio entre países de ambas regiones desde antes de los primeros años del México independiente.

Olloqui (2002) hace énfasis en la política exterior de “abanico” y de largo plazo, ya que la fortaleza de México es su multidiversidad política para identificarse con más de una región geográfica, ya sea norteamericana, atlántica, centroamericana, latinoamericana, o también del pacífico. Debido a ello, Olloqui recomienda aprovechar la polivalencia de estas dimensiones al diseñar estrategias de acercamiento.

Ejercicios como los anteriores son fundamentales para establecer la credibilidad y legitimidad de que invertir en mejorar la relación con Asia Pacífico es clave, puesto que México es parte de Asia Pacífico y lo ha sido por muchos años. El resaltar de manera conceptual y narrativa que esta región es esencial para la política exterior mexicana puede despertar un apoyo de toda la administración para diversificar sus esfuerzos en esta parte de Asia, no en detrimento de los proyectos actuales en América del Norte y en Europa, sino como un mercado de oportunidad existente no aprovechado al 100%.

Con estos esfuerzos podría empezar a gestarse una “Visión de México hacia Asia Pacífico”, con la cual los diplomáticos mexicanos pueden demostrar a organismos como la ASEAN que la visión de México en la región también es relevante y que su participación en los diálogos de seguridad o colaboración tecnológica y de infraestructura presentan un valor agregado que es importante considerar.

Crear este tipo de estrategias no va sin sus correctas y precisas preocupaciones. Diseñar una visión de este tipo podría resultar contraproducente en un espacio donde las rivalidades parecen obligar a tomar un bando, lo cual limitaría la cooperación de un país con otros. Sin embargo, México puede nutrirse de su experiencia de política exterior en otros escenarios multilaterales complejos como el Consejo de Seguridad, donde aboga por declaraciones como la del Embajador Ramón de la Fuente (2022) de “distención, diplomacia y diálogo”, que pueden ser sumamente útiles para emitir posturas claras que demuestran compromiso, conocimiento y, lo más importante, interés.

Es claro que México tiene mucho que ganar con fortalecer las relaciones con los países de Asia Pacífico, tanto con aliados clave como con aquellos donde las relaciones no son tan estrechas. El congeniar las áreas de interés con las tensiones políticas o la dificultad inicial de enmarcar un mensaje de acercamiento no deben ser impedimento para involucrase más en la región. México se puede beneficiar de acciones estratégicas y precisas aunque sean pequeñas que mantener el nivel de cooperación actual. León-Manríquez, & Apango (2015) resaltan que es momento de transformar los lapsos alternativos de alejamiento y acercamiento con Asia Pacífico para consolidar un acercamiento continuo y planeado.

La lista de tareas

Si el país afirma el compromiso con actualizar su política exterior para la región a través de una Visión de México hacia Asia Pacífico, la Secretaría de Relaciones Exteriores puede empezar a compilar una lista oficial de tareas que los diplomáticos, empresarios, universidades y demás actores de la sociedad civil, deberían enfocarse al colaborar con la región, ya que como comentan Meda, Radillo, & Plascencia (2015), el éxito de México en Asia Pacífico depende de hacer un acercamiento horizontal que incluya a la mayor cantidad de figuras posibles.

De igual manera, Uscanga (2012) en su agenda para el Pacífico asiático, comentaba inicialmente la necesidad de participar en los procesos de reforma de APEC; el abrir espacio de diálogo con ASEAN en temas políticos y de seguridad regional; y ampliar la diplomacia cultural con los países del sudeste. Hoy también debería analizarse la posibilidad de cooperación con el TPP, RCEP, MIKTA, Aukus y el Quad. México también debe empezar a incursionar en temas más allá del intercambio económico y fomentar el diálogo y conversación en otro tipo de asuntos como la seguridad internacional donde puede adquirir beneficios de asesoría, capacitación, recursos y tecnología (León-Manríquez & Apango, 2015).

Otro de los temas a enfocar debería ser también el cultural, donde podría iniciar con los países donde existen menos lazos estratégicos como Brunéi, Camboya o Laos. Dentro de ello, la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional (AMEXCID) puede ser un actor clave en despertar proyectos de esta índole, como intercambios académicos, espacios de diálogo y el seguimiento de alianzas. Como mencionan Castelló & Cardoso (2016), Asia Pacífico no es un todo homogéneo, sino es un mosaico de regiones y naciones con diferentes matices culturales, idiomas, religiones y sistemas filosóficos.

Adicionalmente, es importante resaltar que ampliar el enfoque de temas no implica la disminución en el espacio comercial, puesto que México tiene la gran tarea de optimizar y aprovechar los tratados de libre comercio existentes de la región y fortalecer sus cadenas de suministro a través de los 11 puertos de altura en el océano Pacífico. Lotfe & Chávez (2021) también enfatizan en aprovechar el desarrollo del Corredor Interoceánico para el comercio hacia Asia, ya que aumentará la productividad al unir los puertos de Salina Cruz y Coatzacoalcos.

Con los acuerdos comerciales también puede comentarse lo mismo y pasar de la retórica a la acción para incentivar el desarrollo y cooperación regionales, así como conocer mejor los métodos y formas de hacer comercio e inversión en los países de la región.

Finalmente, dentro de la Visión también debe hacerse énfasis en fomentar la descentralización al ejecutar esta estrategia. Deben crearse mecanismos y estructuras para que sea más sencillo a los gobiernos locales suscribir convenios, acuerdos, alianzas e inversiones con Asia Pacífico sin tener que depender en todo momento de las entidades federales. En esta línea, la coordinación entre las diferentes Coordinaciones de Asuntos Internacionales de los Estados se presenta como un área de oportunidad para este tipo de estrategias.

La Bisagra en Asia Pacífico

En este sentido, el coordinar la actualización de una política exterior activa y estratégica en Asia Pacífico presenta oportunidades de crecimiento favorables pero también retos y complejidades extenuantes. Solo el mediar entre la tensión entre Estados Unidos y China puede ser el primer factor para dejar a un lado este tipo de propuestas. No obstante, es precisamente por ese aspecto que México tiene un papel clave que jugar en Asia Pacífico.

El país tiene la oportunidad de presentar una nueva visión que aporte nuevas dimensiones a las perspectivas existentes de China, Estados Unidos o ASEAN. Tiene la ventaja de operar bajo una política de abanico y de ahí incluir de manera más presente, su punto de vista dentro de esta región tan importante para el sistema internacional actual. De esta manera, al identificar los desafíos y oportunidades de la política exterior mexicana en Asia Pacífico, México puede despertar la centralidad de esta región para alcanzar una mayor vinculación que traiga beneficios para los objetivos nacionales y para el crecimiento estratégico de ambas regiones.

Referencias

Castellanos, R. (2021, 17 de diciembre). Asia-Pacífico en 2022. El Orden Mundial. https://elordenmundial.com/asia-pacifico-en-2022/

Castelló, A. & Cardoso, A. (2016). México y sus relaciones con Asia-Pacífico. Revista Mexicana de Política Exterior 108, 7-13. https://revistadigital.sre.gob.mx/index.php/numeros-anteriores/183-rmpe-108

Choong, W. (2021, 19 de octubre). Why AUKUS Alarms ASEAN. Foreign Policy.  https://foreignpolicy.com/2021/10/19/asean-aukus-china-us-rivalry/

Fuente, J. (2022, 17 de febrero). CSNOU sobre Ucrania. Secretaría de Relaciones Exteriores. https://nextcloud.sre.gob.mx/index.php/s/WoFbWWDR8cfBeFR

León-Manríquez, J., & Apango, E. (2015). México y Asia Pacífico: proximidades y distancias de una dilatada relación. Revista CIDOB d’Afers Internacionals 110, 113-139. https://www.cidob.org/es/articulos/revista_cidob_d_afers_internacionals/110/mexico_y_asia_pacifico_proximidades_y_distancias_de_una_dilatada_relacion

Lotfe, F., & Chávez, G. (22 de julio 2021). La inserción de México en el ámbito del Indo-Pacífico. Foreign Affairs Latinoamérica. https://revistafal.com/la-insercion-de-mexico-en-el-ambito-del-indo-pacifico/

Meda, K., Radillo, F. & Plascencia, J. (2015). Los retos de México en la región Asia Pacífico: perspectivas en el siglo XXI. Portes, Revista Mexicana de estudios sobre la Cuenca del Pacífico, 9(18), 25-50. http://www.portesasiapacifico.com.mx/revistas/epocaiii/numero18/2.pdf

Olloqui, J. (2002). Diplomacia Total: Multigeopoliticidad, Grandeza de México. Anuario Mexicano de Derecho Internacional 2, 279-304.  https://revistas.juridicas.unam.mx/index.php/derecho-internacional/article/view/35

Traslosheros, G. (2021, 29 de abril). Nubarrones geopolíticos en la interacción de Asia Pacífico. El Heraldo de México. https://heraldodemexico.com.mx/opinion/2021/4/29/nubarrones-geopoliticos-en-la-interaccion-de-asia-pacifico-290084.html

Andrés Herrera Esquivel
Andrés Herrera Esquivel

Es estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Anáhuac Mayab. Colabora en el Centro de México para América Latina de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. Interesado en geopolítica, política exterior, economía y medio ambiente.

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Pasado, presente y futuro de la política exterior mexicana dentro del Consejo de Seguridad

Por Andrés Herrera Esquivel*

Al entrar en uno de los pasillos más icónicos de la sede de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en la ciudad de Nueva York, después de las banderas de los muchos países del mundo, se encuentra la imponente obra del mexicano y zacatecano Manuel Felguérez titulada “Agenda 2030”, que busca ser la constancia de un compromiso de México con la paz y el multilateralismo como ejes del desarrollo nacional. Precisamente a lo largo de la historia, México se ha encontrado con el desafío de hacer valer los principios de su política exterior, al mismo tiempo que debe decidir sobre algunos de los asuntos globales más apremiantes del último siglo. Brindar una especial atención al pasado y presente en la relación de estos dos elementos dentro del órgano de toma de decisiones más complejo e importante, es tanto esencial como crítico al momento de diseñar una estrategia a futuro que pueda salvaguardar los principios de política exterior, a la vez que permita impulsar a México como aliado clave en la resolución de conflictos en una sociedad internacional cada vez más compleja.

Dentro de este entramado global, el Consejo de Seguridad es el responsable de mantener la paz y la seguridad internacionales. Tiene la capacidad de infundir decisiones a través de los 193 Estados miembros y autorizar el uso de la fuerza contra quienes transgreden el orden mundial. Está compuesto por 15 miembros de los cuales cinco son permanentes y con derecho de veto (los llamados P5), mientras el resto son elegidos por votación para un periodo de dos años (ONU, s.f.). Desde su fundación en 1945, México ha estado presente en cuatro ocasiones, sumando su quinta en el presente bienio 2021-2022. Su participación y específicamente las decisiones que ha tomado en los primeros tres periodos, han sido motivo de controversia tanto al interior como al exterior del país, fruto de las dificultades de conciliar una política exterior continúa con los retos inherentes de un órgano de tal calibre. Sin embargo, si bien México en algunas ocasiones ha titubeado a la hora de establecer una postura clara y congruente, al final del día siempre ha salido victoriosa la defensa de su tradición. Los aprendizajes que México ha acumulado a lo largo de los años dentro del Consejo – aún siendo estos en su totalidad escasos – son esencialmente claves para poder estructurar una política exterior cada vez más coherente y alineada a los objetivos del país, tal como lo mencionó el director general para la Organización de las Naciones Unidas de la Cancillería mexicana, Eduardo Jaramillo Navarrete, existe una coincidencia entre los principios que rigen la política exterior y el mandato que establece la Carta de las Naciones Unidas (ONU, 2020).

Ahora bien, dando inicio a unas concisas descripciones de cada periodo sobre la relación entre las decisiones de México en el Consejo de Seguridad y su política exterior, en su primera participación como miembro no permanente durante el año 1946, México afirmó su responsabilidad para con los principios del artículo 89 fracción X de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (2021, Artículo 89), los cuales incluyen la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de las controversias, la proscripción de la amenaza o uso de la fuerza en las relaciones internacionales, la igualdad jurídica de los Estados, la cooperación internacional para el desarrollo, la promoción y protección de los derechos humanos, y la lucha por la paz y la seguridad internacionales.

Por ello, resultó relevante la abstención de México al momento de decidir si establecer el derecho de veto a las potencias ganadoras de la Segunda Guerra Mundial. En tanto, si se analiza hoy en día, la iniciativa franco-mexicana para la restricción del uso del veto que ha logrado la firma de 105 países puede confirmarse que en este aspecto ha existido una defensa irrestricta a los principios (García, 2017). También, dentro de la promoción de métodos de solución alternativos, México propuso la opción de que las controversias entre los P5 pudiesen ser sometidas a consideración de la Asamblea General, buscando fortalecer la igualdad jurídica de los Estados (Héller, 1986 citado por Vautravers-Tosca & González-Valencia, 2012). No obstante, aún con estos esfuerzos alineados a sus principios pero evidentemente fallidos, México decidió retirarse de este escenario por 35 años, si acaso con la sonora declaración del representante Luis Padilla Nervo de “no meterse entre las patas de los caballos”, y si bien los principios se defendieron, el aislacionismo autoimpuesto a causa de las dificultades del Consejo promovió el rechazo durante este periodo de muchos tratados de derechos humanos por el argumento de ser contrarios a la soberanía nacional (Izquierdo, 2020). De igual manera, México se vio con la dificultad de lidiar con el tema de la descolonización de África, al inicio condenó oficialmente el Apartheid en Sudáfrica, pero después no pudo comentar mucho más al respecto al tener muy poca presencia en la región y un muy limitado conocimiento estratégico.

Para cuando llega el bienio 1981-1982 el país pudo ver de cerca la evolución de uno de los momentos más críticos de las relaciones internacionales: la conflagración mundial de la Guerra Fría. Bajo este marco, México afirmó su postura en contra de ambas potencias respecto a la intervención armada de la Unión Soviética en Afganistán, argumentando la defensa del derecho internacional sin evitar por supuesto las tensiones por los dos lados (Ledo, 2002). Así mismo, se vería en este bienio la gestación de muchas problemáticas que actualmente perduran sus repercusiones, tal como el conflicto israelí-palestino o los temas en materia de seguridad y defensa en Centroamérica, que hasta el día de hoy le causan un gran reto a México a la hora de decidir sus posturas (Vautravers-Tosca & González-Valencia, 2012). Finalmente, puede decirse que, en este periodo, México se enfrentó a conflictos cada vez más globales, y debido a que solo había participado como miembro no permanente del Consejo una vez en los últimos 35 años, fue realmente un desafío para el país el volver a familiarizarse con las dinámicas del Consejo y con un mundo bajo el contexto de la Guerra Fría. Aún con ello, no fue suficiente para convencer de que con una mayor planeación y promoción del conocimiento, el impulso del papel de México en el sistema internacional pudiese crecer. En este aspecto, el país se quedaría otros 20 años sin reaparecer en el Consejo.

Serían estos dilemas los que llevarían al ex Presidente Vicente Fox en el 2000 a buscar un tercer periodo durante el bienio 2002-2003, reconociendo que en un mundo cada vez más globalizado, ya no hay asuntos que sean por completo ajenos al interés nacional de un país. Realmente, fue una concertación muy atinada puesto que en ese año México asumió la presidencia del Consejo en pleno inicio y auge de la guerra contra el terrorismo, donde nuevamente tuvo poco éxito al adaptarse de manera rápida al contexto, como con el establecimiento de posturas y guías (Gelóver, 2004). Así mismo, este periodo resultó un verdadero reto puesto que la legitimidad de México en América Latina igual fue puesta a prueba ya que la candidatura fue solicitada con muy poco tiempo de planeación, por lo que generó tensiones con otros candidatos de la región como República Dominicana, a quien ganó la candidatura hasta la segunda ronda de votación (Silva, 2012; Lajous, 2006).

Para sumarle a ello, también durante este bienio, el conflicto en Irak constituyó una de las decisiones más difíciles de entre todas sus participaciones. México se veía con la opción de decidir si apoyar abiertamente a Estados Unidos o no, hecho que sin duda causó discordia dentro de los miembros de la Secretaría de Relaciones Exteriores y de otras Secretarías de Estado. Eventualmente cuando la decisión apostó por ir en contra del apoyo a Estados Unidos, una coalición en conjunto con Gran Bretaña y España intervino en Irak haciendo innecesario el voto del Consejo (Wilson et al, 2005). Aquello trajo tanto beneficios como consecuencias, puesto que dejó a México con la necesidad de apoyar a la coalición con la aprobación del mandato provisional en Irak, dañando seriamente la reputación mexicana en la defensa de sus principios (Vautravers-Tosca & González-Valencia, 2012). Si algo dejó claro este bienio, fue la dificultad del país para conciliar los principios de su política exterior con los entreverados eventos de la comunidad internacional.

Es posible que muchos de estos eventos hayan despertado en México la urgencia de verse incluido con una mayor frecuencia dentro del contexto internacional, con el objetivo de prevenir escenarios donde no pueda adaptarse lo suficientemente rápido o no tenga la capacidad de tomar decisiones legítimas basadas en sus principios. Por tanto, el país participó en su cuarto periodo durante 2009-2010, de esta manera siendo dos en una sola década. Si algo mostró en esta ocasión, es que la experiencia puede recopilarse de esfuerzos pasados. México recuperó y aumentó su reconocimiento internacional al atender prioritariamente situaciones como la mediación y prevención de conflictos, y la promoción de mecanismos de solución de controversias como la Corte Internacional de Justicia.

Ahora que México se encuentra en su quinta participación durante el bienio 2021-2022, en el marco de la dificultad de una crisis sanitaria internacional como el COVID-19, el país puede aprovechar de experiencias pasadas habiendo defendido sus principios, así como de situaciones complejas que presentaron retos en cuestión de rapidez y adaptación. Pero para empezar, es necesario resaltar que en esta última ocasión, México fue el miembro no permanente con mayor cantidad de votos, confirmando así su posicionamiento internacional como defensor de la seguridad internacional (Olabuenaga & Fuente, 2020).

Si la delegación mexicana analiza que muchos de los conflictos en la actualidad dieron inicio durante alguna de sus cuatro participaciones previas dentro del Consejo– como lo es Afganistán, el conflicto israelí-palestino, Haití, Venezuela, Centroamérica – es entonces cuando puede empezar a diseñar estrategias cada vez más holísticas, reales, viables y siempre alineadas a los principios, con la premisa del presente Embajador Ramón de la Fuente (2020) de total apego a los principios de la Carta Magna. En este aspecto, al analizar los aprendizajes de los pasados cuatro periodos, en pocas excepciones se ha transgredido abiertamente los principios de la política exterior mexicana. Sin embargo, para prevenir que en un futuro suceda, y por el contrario, se fomente una mayor promoción de los mismos, México puede empezar a realizar una serie de esfuerzos de sus experiencias a través de sus cuatro bienios.

Para empezar, desde 1946 con la descolonización, México ha constatado la relevancia de los temas africanos en el Consejo, llegando a abarcar más del 50% de los temas de la agenda, pero aún con ello hasta el día de hoy, el país sigue contando con solo ocho embajadas para los 54 países del continente (González, 2020). La futura estrategia de la política exterior mexicana debe considerar como un elemento prioritario aumentar la presencia diplomática en la región como también promover su estudio y análisis dentro del país. Finalmente, de este primer periodo igual se puede rescatar la importancia de que México continúe fortaleciendo los temas donde ha obtenido mayor apoyo internacional, como la propuesta de reducción en el uso del veto, los temas de control del tráfico de armas, o también la seguridad nuclear. Del bienio 1981-1982, podemos destacar la interconexión global y la importancia de la presencia y reputación del país en diferentes regiones. México puede fortalecer vínculos con todos los miembros del Consejo, diseñando estrategias especiales para países con los que tiene menos cooperación, como China, India o Rusia, esto traería beneficios a la posición de México como un mediador efectivo durante las negociaciones (Izquierdo, 2020).

Continuando con el bienio 2002-2003, uno de los aprendizajes más valiosos, fue la importancia de una correcta estrategia de comunicación con todos los niveles de gobierno, esto para evitar decisiones tardías y poco planeadas que puedan dirigir a México a situaciones difíciles de gestionar. En este aspecto, también debe considerarse que si se busca que el país esté presente de manera más continua en este tipo de foros, se debe promover el interés nacional de toda la sociedad para que conozca el valor y beneficio de este tipo de acciones. Para ello, la propuesta de Rosas & Velasco (2009) sobre el diseño de un Proyecto Nacional resulta imprescindible, ya que una estrategia a largo plazo permite seguir fortaleciendo, mientras se acumula mayor experiencia y robustez en las políticas. Los beneficios se ven en la actual participación de México en el Consejo, ya que fue el resultado de una candidatura apoyada durante el transcurso de tres administraciones diferentes. También, durante esta etapa, México pudo darse cuenta de los riesgos de no tener políticas definidas en temas clave del Consejo. Por ejemplo, desde el inicio desde su primera participación, la delegación no había establecido una postura clara respecto a la participación en las operaciones de mantenimiento de la paz, y con la aparición del asunto de Irak y la posibilidad en el futuro de situaciones similares, México no puede arriesgarse a caer desprevenido. Aunque sean temas difíciles de congeniar con los principios de la política exterior, aquello no debe ser una excusa para debatir y repensar ideas que lo puedan hacer posible.

Finalmente, la experiencia del bienio 2009-2010 deja a México con la satisfacción de los buenos resultados que suceden cuando se invierte en el diseño de soluciones y el estudio de los conflictos. En un mundo interconectado, México debe estar consciente de la importancia de cómo todos los problemas y retos globales contribuyen a fortalecer los principios de la política exterior. Al darse cuenta de ello, la realización de muchas de estas propuestas es posibles, al constarse la audacia, compromiso y vasta experiencia del cuerpo diplomático mexicano.

El panorama recae en empezar a diseñar una política más dinámica dentro del Consejo de Seguridad; de la mano del ingenio de un gran equipo y el sólido conocimiento de los principios de la política exterior. Con ello, también se puede planear con mayor rapidez la actualización de temas complejos, demostrando, como lo ha hecho México en años pasados, que una participación continua en el Consejo de Seguridad otorga experiencia, la cual es fundamental al momento de construir estrategias de política exterior efectivas.

Tal como menciona Lajous (2006), si realmente México quiere destacar en un mundo cada vez más complejo, se le debe dar continuidad a la participación sistemática y coherente en los debates del Consejo de Seguridad. Si bien es evidente que México tendrá que definir posiciones, pronunciarse, tomar acciones, intervenir y asumir responsabilidades sobre asuntos polémicos, la dificultad de conciliar aquello con los principios de la política exterior no puede ser un impedimento. Como el país ha demostrado en años previos, si es posible que en los momentos más álgidos de crisis en la sociedad internacional se puedan conciliar decisiones difíciles con los principios de la política exterior. Los 187 países que votaron a favor de México están conscientes de ello, así como la obra de Manuel Felguérez confirma nuestro compromiso con las Naciones Unidas y con nuestro desarrollo nacional.

Referencias

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Andrés Herrera Esquivel
Andrés Herrera Esquivel

Es estudiante de la Licenciatura de Relaciones Internacionales y pasante en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. Ha impartido discursos para TEDx, las Naciones Unidas, y la Universidad de Harvard. Es apasionado del liderazgo, la educación y la política exterior.

La relación comercial con América Latina y Europa, un tema pendiente de México

Por: Gerardo Torres Valdés

México es uno de los países con más tratados de libre comercio en el mundo, actualmente tiene 12 con 46 países; sin embargo, no los ha aprovechado, sigue dependiendo de un solo mercado: Estados Unidos. Según datos de la Secretaría de Economía (2020) el 81.2% de las exportaciones mexicanas van dirigidas a Estados Unidos, en segundo y tercer lugar están Canadá y China con el 2.7% y el 1.5% de las exportaciones respectivamente. Tener al mayor mercado global de bienes de consumo, que es Estados Unidos, ha sido de gran ayuda para el desarrollo de la economía mexicana, la implementación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en la década de 1990, ahora Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T- MEC), permitió que se establecieran cadenas de valor de grandes empresas extranjeras, generando un polo de desarrollo en el norte y centro del país; no obstante, esta dependencia económica es un arma de doble filo, cuando el mercado interno de Estados Unidos se encuentra en crisis las exportaciones mexicanas van a la baja. El depender de un solo mercado hace vulnerable al Producto Interno Bruto (PIB) de México.

El Gobierno Federal necesita aprovechar los tratados de libre comercio con los que cuenta el país. Dentro del programa sectorial 2020-2024 realizado por la Secretaría de Economía la estrategia prioritaria 4.2 menciona que es imperativo diversificar los mercados de destino de las exportaciones mexicanas para reducir la vulnerabilidad y aprovechar nuevas oportunidades comerciales; pues a tres años de gobierno dicha estrategia no se ha puesto en marcha por parte de las autoridades mexicanas. El país debe reforzar las relaciones con sus pares latinoamericanos, porque a pesar de la cercanía geográfica que tiene con ellos el libre comercio es casi nulo.

La Alianza del Pacífico (AP), un mecanismo de integración entre Chile, Colombia, México y Perú, el cual tiene como objetivo consolidar un área de integración honda basada en cuatro pilares: 1) libre circulación de bienes y servicios, 2) libre circulación de capitales y personas, 3) fomento a la cooperación empresarial, 4) coordinación empresarial; dicha iniciativa no ha sido aprovechada, cabe mencionar que, dentro de la AP, existen Estados observadores que tienen la intención de en algún momento formar parte de esta Alianza debido a su poderío comercial y económico en la región. De acuerdo con Alfredo Ferrero (2013) la importancia de la Alianza del Pacífico radica en que representa el 2.7% del PIB mundial, generan el 50% del comercio latinoamericano y el 49% de las exportaciones de la región; juntos serían la 8a. o 9a. economía del mundo.

En la relación comercial con la Unión Europa (UE) se tiene el Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea (TLCUEM), tampoco se le ha sacado rédito. Europa es un mercado potencial para las exportaciones mexicanas, desde su entrada en vigor (23 de marzo de 2000) el comercio bilateral entre México y la UE se ha triplicado, de acuerdo con Johannes Hauser, Director General de la Cámara Mexicano-Alemana de Comercio e Industria (CAMEXA) el tratado ayudó para que hubiese más inversión directa europea en México, por otro lado, el número de empresas alemanas se duplicó, actualmente hay 2000. En 2018 se iniciaron pláticas entre el gobierno mexicano y la UE para firmar una nueva versión del tratado, sin embargo, no ha habido avance en ello, para su puesta en marcha requiere de la aprobación del Senado mexicano y el Parlamento Europeo, la revisión jurídica del tratado no se ha discutido. El TLCUEM presenta algunas deficiencias, por ejemplo, no contiene apartados de comercio electrónico y de nuevas tecnologías: no obstante, en el nuevo tratado se plantea realizar modificaciones en los apartados de reglas de origen y de inversión. Es de vital importancia que el Gobierno Federal, a través de la Secretaría de Economía, retome el tema y México pueda tener un tratado de libre comercio moderno con Europa.

México tiene una posición geográfica privilegiada, tiene salida al Océano Pacífico y Golfo de México, cuenta con puertos marítimos como el de Manzanillo, Lázaro Cárdenas y Altamira en los cuales se desembarcan millones de dólares en mercancías, esto representa una ventaja competitiva de México frente a otras naciones, por ejemplo, el corredor TMEC, que tendrá como punto de partida la ciudad de Mazatlán, Sinaloa, coadyuvará a que las mercancías provenientes de Asia pacífico pasen por México, generando un valor agregado para posteriormente exportarlas a Estados Unidos

A pesar del contexto actual, en donde varios gobiernos están intentando implementar políticas proteccionistas, los tratados de libre comercio llegaron para quedarse. México debe exportar hacia nuevos mercados sin dejar a un lado a su principal socio comercial: Estados Unidos.

Gerardo Torres Valdés

Colaborador

México en el sistema internacional