Centro Académico de Relaciones Internacionales Espacio Global

Fomentamos el continuo estudio, análisis e investigación del sistema internacional

El Compromiso de Sevilla: análisis desde el Sistema-mundo

La Cuarta Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo 2025 (FFD4), que se llevó a cabo entre el 30 de junio al 3 de julio en España, invitó a los países participantes a desarrollar un nuevo acuerdo sobre cooperación internacional con el enfoque de accionar estrategias innovadoras para mejorar la situación de desarrollo en el Sur Global. No obstante, y a pesar de que se llegaron a acuerdos firmes, la Conferencia de Sevilla también hizo sobresaltar críticas sobre las bases conceptuales de las que surgían dichos compromisos. El presente artículo tiene como finalidad evaluar el Compromiso de forma crítica, tomando en cuenta las relaciones Norte-Sur y Estado-sector privado.

La Financiación para el Desarrollo busca hacer realidad los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) al hacer que el dinero se alinee y se dirija a ellos. Para esto, la participación de recursos púbilcos y privados y la necesidad de reformas financieras más profundas, son de suma importancia para generar un cambio más grande en los países del Sur Global. La Cuarta Conferencia aborda temas contemporáneos como tensiones geopolíticas, el cambio climático, endeudamiento exorbitante, la debilidad de la economía mundial y la implementación de los ODS de forma más acelerada. En general, busca mejorar la situación de los países en desarrollo y darles más voz en la arquitectura financiera internacional con 130 iniciativas, generando así el Compromiso de Sevilla o Sevilla Commitment que se puede resumir en los siguientes puntos:

  1. Cerrar la brecha actual de 4 billones de dólares, necesaria para financiar los ODS al movilizar más recursos nacionales e internacionales: “Se acuerda triplicar la capacidad de los bancos mundiales de desarrollo mediante una combinación de capital adicional [(proveniente de empresas aliadas)], reformas internas y mayor eficiencia en la asignación de fondos” (s/a, 2025).
  2. Aumentar la capacidad recaudatoria de los países, teniendo como meta el 15% del PIB en ingresos fiscales (s/a, 2025). Esto quiere decir que cada país pueda cobrar más y mejores impuestos para financiar sus propios servicios, que empresas grandes/millonarios no oculten dinero en otros países y que los espacios internacionales se abran a países más pobres para decidir las reglas fiscales (ej. impuestos globales), todo esto para lograr la redistribución de la riqueza.

Esta aproximación invita y promueve la movilización de capital privado para la financiación sostenible a gran escala, es decir, que las empresas tengan más incidencia en el mercado y en el desarrollo. Sin embargo, ¿cuáles podrían ser las afectaciones para la figura del Estado tanto en el Norte como en el Sur Global?

Según Wallerstein, existen 3 diferentes áreas dentro del sistema-mundo. La primera, el centro, que va a poseer o tener dominancia sobre la semiperiferia y periferia, concentrará grandes flujos de capital y normalmente enfocarán sus mercados a tecnologías de punta, por lo tanto tendrá mayor desarrollo e industrialización. La semiperiferia tendrá mayor importancia en su valor político al evitar la polarización social mediante transmisores económicos y políticos de algún poder central. Y finalmente, la periferia va a dedicarse muchas veces a la monoproducción y su crecimiento va a estar rezagado debido a que las potencias tendrán mayor competitividad en productos manufacturados. Esta dinámica refuerza un círculo vicioso en el que para “desarrollarse”, los países periféricos van a depender justamente de aquello que no pueden producir en gran escala –tecnología, maquinaria, bienes industriales– perpetuando así la extracción de excedentes hacia los centros del sistema-mundo y consolidando su lugar subordinado en la economía global (Wallerstein, 2004). 

Sin duda, el sistema internacional ha vivido en concordancia con el análisis de Wallerstein, no obstante, el objetivo de la FFD4 no implica en sí darle más agencia a los Estados para que sigan perpetuando este sistema, sino que exploran profundizar la participación del sector privado en un sistema que, en general, se ha visto liderado por Estados. Ante esto, autores como Derber, Karliner y Korten introducen la “hegemonía del sistema de la corporación privada, [la cual nos sugiere que] todos los Estados-nacionales se vuelven periféricos con respecto al poder central de las grandes corporaciones dentro de un Sistema-mundo común” (de Venanzi, 2002, p. 37). 

Sin embargo, resulta cuestionable afirmar que todos los Estados se conviertan en periferias, si se consideran las desventajas estructurales que enfrentan muchos países frente a potencias económicas como Alemania o Francia. Estos últimos cuentan con mayores capacidades institucionales para implementar políticas de prevención y, además, su margen de decisión se ve menos afectado que el de los países ya periféricos. No obstante, es válido sostener que los Estados han perdido cierta autoridad frente a las empresas, particularmente al otorgar subsidios o garantías estatales que los comprometen a acuerdos de largo plazo, así como cuando las empresas toman decisiones de inversión (en cuanto a localización, sectores y condiciones) sin una consideración sustantiva de los intereses estatales.

Ahora, no es la intención señalar que otras teorías no hayan tenido en consideración a las corporaciones privadas como actores o incluso agentes dentro de las relaciones internacionales, sin embargo, las aproximaciones de los autores mencionados retoman el sistema de Wallerstein –que de base es una crítica impresionante a la economía global y la formación de hegemonías– e implica a las empresas privadas como nuevos centros que no solo van a dirigir, sino también orientar, imponer y poner en práctica políticas orientadas a transformar la sociedad tradicional en una sociedad moderna (de Venanzi, 2002, p. 38).

La problemática que se puede presentar al momento de pedirle a las empresas que se involucren más –sin ser el Compromiso de Sevilla vinculante– es que no se puede garantizar el respeto al acuerdo de invertir donde realmente se promueva el desarrollo, ni tampoco se puede asegurar que no se retiren, redirijan sus inversiones o existan presiones políticas mediante la desinversión. Asimismo, la inversión del sector privado en los servicios públicos puede ser peligrosa para el Estado y la población, ya que se pueden privatizar y ser tratados como negocios, lo que también puede llevar al aumento de precios, menor acceso a poblaciones pobres y priorización del beneficio económico de las empresas sobre lo social. Además, al aspirar a más inversiones, el Estado puede apostar por políticas públicas que beneficien a las empresas o, en su defecto, evitar otras para generar un mejor clima de inversión –esto sin considerar cómo una política pública puede afectar la rentabilidad o imponer ciertos estándares sociales o ambientales–.

3. Reformar el sistema de deuda: Al ser los países del Sur Global los más endeudados, mucho del capital se dirige a cumplir con el pago y no a inversiones en desarrollo o en respuesta a crisis de cualquier tipo, por esto se propone la suspensión automática de pagos en caso de crisis climática o sanitaria, además de que pueden negociar la reducción o perdón de la deuda a cambio de invertir en proyectos sociales, ambientales o de infraestructura.

Ante esta propuesta no fue difícil recordar la historia de cómo empezaron muchas de estas deudas y cómo se fueron formando las jerarquías económicas mundiales a través o a costa de ellas. Como Hernán Sáenz menciona:

“Mientras tenemos la idea de que es el Norte Global el que financia al Sur Global, la realidad es otra: cada hora salen del sur 30 millones de dólares hacia el 1% más rico del norte. Esos millones sumados son más que el total de la Ayuda Oficial al Desarrollo. Estamos hablando de que hay 3.000 millones de personas que viven en países del sur donde se paga más por el interés de la deuda que lo que se invierte en educación o en salud” (Banchón, 2025).

A propósito de la cita, Eduardo Galeano nos permite hacer un análisis desde “la centralidad de la periferia” y de cómo es necesaria para el funcionamiento del sistema capitalista global, pues sin ella, los países del Norte Global no se habrían desarrollado en primer lugar y tampoco tendrían beneficios actuales como recursos naturales, mano de obra barata, permisos de excavación/investigación en países extranjeros o el cobro constante de la deuda (más intereses).

Por lo tanto, la deuda en sí debe ser reconsiderada, pues el “rezago” de muchos países en África, América Latina y el Caribe y Asia ha sido para sostener el capital de los países ahora centrales mediante una explotación estructural que no se está tomando mucho en consideración. Si bien el alivio de la deuda puede parecer un acto progresista, es importante considerar que no solo beneficia a las periferias, pues una periferia estable también es funcional para el sistema global. Igualmente, la suspensión de la deuda por crisis sanitarias o climáticas demuestra la vulnerabilidad a la que están sujetas las periferias y expone cómo solo se administra la deuda: La ayuda llega cuando el colapso amenaza la estabilidad global, no cuando la periferia reclama autonomía.

¿192 países firmantes de 193?

A pesar de que la conferencia tuvo mucha participación por parte de países de todos los continentes, se pudo notar la excepción Estados Unidos después de rechazar el documento el 17 de junio. Las razones fueron que, según el diplomático estadounidense Jonathan Shrier, muchas de las propuestas iban en contra de las políticas del Estado. Algunas de ellas fueron “la injerencia en la gobernanza de las instituciones financieras internacionales, la triplicación anual de préstamo de los bancos multilaterales de desarrollo [y] propuestas sobre el comercio, fiscalidad e innovación” (Blackburn, 2025).

Esta decisión también se tomó basándose en la agenda política y financiera de Donald Trump que ha buscado reducir la ayuda al exterior desde el inicio de su mandato (desmantelando la USAID, recortando presupuesto en medicinas y vacunas, entre otras). Igualmente, al ser una potencia y un referente político que no busca romper con la brecha de desarrollo, sino tener mayor injerencia en otros países, fortalecer su seguridad y mejorar su arsenal militar, hace que el acuerdo sea mucho menos vinculante y de que países europeos tomen la misma iniciativa. Por ejemplo, el primer ministro de Reino Unido, Keir Starmer, mencionó a principios de 2025 la reducción del presupuesto de ayuda externa para dirigir el gasto en Defensa; Bélgica también recortó su financiación en un 25%, Francia en un 35% y Suiza “cerrará las iniciativas de desarrollo de Albania, Bangladesh y Zambia a finales de 2028” (Galvin, 2025).

No obstante, el 29 de diciembre de 2025, Estados Unidos anunció la aportación de 2 mil millones de dólares para ayuda humanitaria a través de la ONU. ¿Acaso el país se arrpintió de no firmar el Compromiso de Sevilla? Aunque la cifra ayuda a la extensión de la ayuda al exterior, no se compara con las aportaciones previas que podían llegar hasta 17 mil millones de dólares, además de que este aporte viene con algunas exigencias del presidente Trump, quién advirtió a las agencias de la ONU que deben “adaptarse, reducirse o morir” (Euronews, 2025) ante la nueva realidad financiera.

Básicamente, EEUU busca tener poder de decisión sobre cómo y a quiénes asignarles la ayuda humanitaria, utilizándola una vez más como arma para poder subordinar a países que necesitan de la ayuda. En concordancia con lo anterior, también quiere que la ayuda esté en concordancia con la política exterior de Estados Unidos, por lo que la ayuda puede limitarse hacia países que tengan conflicto con él –por ejemplo en territorios palestinos, que no están incluidos en la repartición de presupuesto para la ayuda–. Esto muestra que EEUU puede no comprometerse formalmente a marcos multilaterales amplios, pero sigue actuando desde su posición de poder financiero para dirigir prioridades globales de política social y humanitaria.

Conclusiones

La Cuarta Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo y el Compromiso de Sevilla 2025 se presentan como un esfuerzo ambicioso por reformar la arquitectura financiera internacional y acelerar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. No obstante, un análisis crítico revela que, lejos de transformar las estructuras históricas de desigualdad, el acuerdo reproduce –aunque con nuevos mecanismos– las dinámicas de poder que han caracterizado las relaciones Norte–Sur. La centralidad otorgada a la movilización de capital privado, junto con un carácter no vinculante, limita la capacidad de los Estados del Sur Global para ejercer una soberanía efectiva sobre sus estrategias de desarrollo y profundiza su dependencia de actores externos cuyas prioridades no necesariamente coinciden con el bienestar social.

Desde la perspectiva del sistema-mundo y de la teoría crítica de la dependencia, el fortalecimiento del rol de las corporaciones privadas puede interpretarse como una reconfiguración del centro de poder, en la que los Estados (especialmente los periféricos) ven erosionada su capacidad de decisión frente a intereses económicos transnacionales. Si bien la participación del sector privado es presentada como una solución pragmática ante la insuficiencia de recursos públicos, esta lógica conlleva riesgos significativos: la mercantilización de servicios esenciales, la subordinación de políticas públicas a criterios de rentabilidad y la imposibilidad de garantizar que las inversiones se orienten realmente al desarrollo sostenible e inclusivo.

En el ámbito de la deuda, aunque las propuestas de suspensión automática de pagos ante crisis climáticas o sanitarias y de reducción condicionada representan un avance discursivo respecto a esquemas anteriores, estas medidas no cuestionan las raíces estructurales del endeudamiento ni las jerarquías que lo sostienen. Como se planteó con la noción de la centralidad de la periferia, el alivio de la deuda no responde únicamente a una lógica de solidaridad, sino también a la necesidad de preservar la estabilidad de un sistema global que depende del funcionamiento –aunque subordinado– de las periferias. La ayuda, en este sentido, continúa operando como un mecanismo de administración del colapso más que como una vía hacia la autonomía.

Finalmente, la no firma del Compromiso de Sevilla por parte de Estados Unidos, así como los recortes generalizados a la ayuda al desarrollo en países del Norte Global, evidencian los límites del multilateralismo financiero contemporáneo. Aún sin comprometerse formalmente con el acuerdo, Estados Unidos mantiene su influencia a través del control de flujos financieros y de la ayuda humanitaria condicionada, reafirmando su capacidad de definir prioridades globales desde una posición de poder. En conjunto, el Compromiso de Sevilla refleja las tensiones entre reforma y continuidad: si bien reconoce problemáticas urgentes del Sur Global, no altera de manera sustantiva las estructuras que reproducen la desigualdad, dejando abierto el debate sobre si la financiación para el desarrollo puede realmente convertirse en un instrumento de justicia global o si seguirá siendo una herramienta de gobernanza y control del orden existente.

Fuentes de consulta: 

Bibliografía:

  • De Venanzi, A. (2002). “La teoría corporativa del sistema-mundo” en Globalización y corporación: el orden social en el siglo xix. Anthropos Editorial. 
  • Wallerstein, I. (2004). “El sistema-mundo moderno como economía-mundo capitalista: Producción, plusvalía y polarización” en Análisis de sistemas-mundo: una introducción. Siglo XXI. México.

Fuentes electrónicas:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *