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El poder blando de Estados Unidos: el fin de una era

Publicado originalmente en ruso en el sitio web del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales (RIAC)

Escrito por Natalia Burlinova: Doctora en Ciencias Políticas, Profesora Asociada del Departamento de Ciencias Políticas, Facultad de Ciencias Sociales y Comunicación de Masas, Universidad Financiera dependiente del Gobierno de la Federación Rusa, Directora del Proyecto «Prácticas de Diplomacia Pública de las Regiones Rusas», Miembro de la Cámara Pública de la Federación Rusa.

En mayo de 2025 falleció el politólogo, académico y profesor de la Universidad de Harvard Joseph Nye, conocido por haber ideado e introducido en la ciencia de las relaciones internacionales el concepto de «poder blando»[1] a principios de la década de 1990. En los siguientes treinta años, dicho concepto adquirió una popularidad extraordinaria en todo el mundo. Joseph Nye desarrolló su idea sobre cómo conquistar el mundo mediante la atracción y no la coerción en una serie de monografías publicadas en la década del 2000, la última de las cuales vio la luz en 2023[2]. Según su interpretación clásica, el «poder blando» se sostiene sobre tres pilares: la cultura, los valores políticos y la legitimidad de la política exterior del país a los ojos de sus aliados. A lo largo de la última década, y en relación con estos tres parámetros, el poder blando estadounidense comenzó a fallar y su popularidad descendió paulatinamente hasta alcanzar su punto de influencia más bajo desde el final de la Guerra Fría. En 2026, en el contexto de la campaña militar de Washington contra Irán, se hizo evidente que el poder blando de Estados Unidos se encontraba en estado de muerte clínica, tras haber sobrevivido a su creador, Joseph Nye, tan solo un año.

Antecedentes del poder blando

En sus trabajos, Joseph Nye sostenía con insistencia que había concebido el poder blando como un concepto científico[3]. En realidad, dicha noción carece de una definición precisa y, más aún, las formulaciones del «poder blando» en los libros del científico estadounidense son bastante difusas. Sin embargo, fue precisamente este concepto, que el politólogo estadounidense esbozó literalmente en la mesa de la cocina[4], el que se convirtió en uno de los más populares del mundo. Su esencia consiste en lo siguiente: en ocasiones, un país puede obtener el resultado deseado sin recurrir a amenazas ni a sobornos, sino únicamente gracias a su propio atractivo. «¿Qué es el «poder blando»? ―escribió Joseph Nye―. Es la capacidad de conseguir lo que se desea mediante la atracción, y no mediante la coerción o el pago. Surge del atractivo de la cultura, de los ideales políticos y de la política del país[5]».

En la década de 2000, el poder blando pasó de ser un concepto científico a convertirse en una idea extraordinariamente popular por la que de repente llegaron a obsesionarse numerosos gobiernos nacionales y líderes concretos, empeñados en promover una imagen positiva de su país en la escena internacional. El concepto se difundió ampliamente fuera de Estados Unidos. Además de los países europeos, China se convirtió en un activo divulgador del poder blando. En Rusia también se empezó a escribir y a hablar mucho y con frecuencia sobre el poder blando. Se publicó una multitud de artículos científicos y de opinión, así como monografías, dedicados a diversos aspectos del poder blando. Muchos autores de estos trabajos instaban a los gobiernos nacionales a orientarse por los enfoques de Estados Unidos en el ámbito de la proyección de la influencia humanitaria en el extranjero.

Al mismo tiempo, la concepción de Joseph Nye fue criticada con frecuencia en los círculos políticos y de expertos: el científico tenía que defenderse de los ataques de sus colegas y seguir desarrollando una teoría que ni mucho menos siempre encontraba comprensión entre la élite política de Estados Unidos, tradicionalmente proclive a confiar más en el poder duro: en el ejército, las armas, las sanciones y la presión. En su libro canónico «Soft Power: The Means to Success in World Politics» [El poder blando: el medio para triunfar en la política mundial], Joseph Nye recoge las palabras del secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, quien, al ser preguntado sobre el poder blando, respondió que no sabía qué era[6].

En los Estados Unidos, la edad de oro del poder blando se produjo durante los años de las administraciones de Bill Clinton (1993-2001) y Barack Obama (2009-2017). Las administraciones demócratas, que apostaron por el enfoque basado en los valores y por la difusión global del liderazgo económico y político estadounidense, necesitaron instrumentos para gestionar a otros países mediante la formación de sus propios deseos y necesidades[7].

En 1999, otro reconocido investigador estadounidense, Samuel Huntington, publicó en la revista Foreign Affairs[8] un artículo programático titulado «La superpotencia solitaria», que se convirtió en una suerte de descripción programática de los objetivos a largo plazo de los Estados Unidos en la política internacional bajo el liderazgo de los globalistas y neoliberales que constituían la columna vertebral del Partido Demócrata. S. Huntington señaló la necesidad de ejercer presión sobre otros países para lograr que se aceptaran los valores estadounidenses: la democracia, los derechos humanos y el libre mercado. En el espacio público de los Estados Unidos y de otros países se promovía la idea de que «la interpretación estadounidense de los valores declarados sirve como referencia global de cumplimiento obligatorio para todos los Estados del mundo[9]». El concepto de poder blando se convirtió en una herramienta conveniente para los políticos estadounidenses, ya que se adaptaba fácilmente a las necesidades estratégicas de los Estados Unidos.

Durante la presidencia de Bill Clinton, el apoyo a la democracia se convirtió en una prioridad de la diplomacia[10] estadounidense. Bajo la administración de Barack Obama, el atractivo de los valores estadounidenses fue declarado el pilar más importante del liderazgo de los Estados Unidos en el mundo. Su administración estaba interesada en nuevos enfoques de política exterior en Medio Oriente y en otras regiones del mundo; necesitaba una nueva estrategia de desarrollo del país y una «nueva forma para los valores estadounidenses»[11]. Por ello, en las entrañas de Washington nació un peculiar híbrido de poder blando y poder duro, que recibió el nombre de «poder inteligente» (smart power). Joseph Nye simpatizaba claramente con Barack Obama y Hillary Clinton, de quien el mundo escuchó por primera vez el término «poder inteligente», ya que en la base del nuevo enfoque de política exterior estadounidense se encontraba su idea de la simbiosis entre el poder blando y el poder duro[12]. Sin embargo, el asunto no pasó de la retórica: el «poder inteligente» no consiguió tantos adeptos como el poder blando y no llegó a arraigar en la práctica.

En enero de 2017, a Barack Obama en la presidencia lo sucedió Donald Trump ―un gran adversario de cualquier tipo de blandura. Comenzó el ocaso de la «edad de oro» del poder blando, no solo de la concepción en sí, sino también de su encarnación práctica en los Estados Unidos. Los cuatro años de la presidencia de Joseph Biden no cambiaron la situación. Al contrario, en los círculos de expertos surgió un concepto diametralmente opuesto: el «poder afilado» (sharp power). Cabe destacar que también lo idearon demócratas, quienes mantenían una postura de máxima confrontación hacia nuestro país [Rusia]. El sentido de esta teoría radica en que solo los Estados Unidos y sus aliados poseen el monopolio del poder blando. Rusia, China y otros países «poco afines» a las élites de Washington, a los que estas han incluido en la lista de «regímenes autoritarios», no tenían derecho a ejercer su propio poder blando. Todo lo que hacen en el ámbito de los vínculos externos con las sociedades extranjeras debe percibirse como propaganda y una amenaza a la seguridad nacional. En consecuencia, las medidas para contrarrestar esta amenaza deben ser sumamente contundentes. Precisamente a estas consideraciones se ciñeron la administración de Joseph Biden y a sus aliados europeos, quienes, tras el inicio de la operación militar especial, se lanzaron a destruir de raíz la estructura de la diplomacia pública rusa en la dirección occidental.

El investigador estadounidense Nicholas Cull considera que el declive del poder blando era predecible, ya que se trataba de una «idea perfecta»[13] para el mundo tras el fin de la Guerra Fría. Nació en aquel período histórico y en aquellas condiciones en las que la política estadounidense necesitaba nuevos planteamientos conceptuales e ideológicos sobre cómo gestionaría el mundo. En opinión de N. Cull, este concepto tuvo éxito también porque ofrecía una respuesta a la pregunta de por qué Occidente había resultado tan exitoso frente a los fracasos de la Unión Soviética[14]. No es casualidad que Joseph Nye siempre afirmara que el poder blando es un concepto destinado, ante todo, a los Estados Unidos y a su política exterior. Fue desarrollado específicamente para los Estados Unidos, y el hecho de que se volviera mucho más popular fuera de sus fronteras lo desconcertaba y sorprendía[15] un tanto.

No se puede afirmar, sin embargo, que fuera precisamente Donald Trump quien pusiera en marcha los procesos de desgaste del poder blando estadounidense, como le imputan sus adversarios ideológicos. Las sanciones, como elemento del poder duro, se habían convertido en un mecanismo habitual de la política estatal estadounidense hacia otros países ya antes de Trump. Rusia experimentó este enfoque plenamente bajo la administración del demócrata Biden. No obstante, fue precisamente Donald Trump quien elevó la política de sanciones de Estados Unidos a un nuevo nivel al declarar guerras arancelarias no solo a sus oponentes, sino también a sus propios aliados de la OTAN.

El colapso definitivo del poder blando estadounidense se produjo ya durante el segundo mandato presidencial de Donald Trump[16]. Él envió al mundo un mensaje claro: solo existe el poder duro ―la guerra, el chantaje político y las sanciones― y lo demás no le interesa. La diplomacia de valores fue sustituida por la intimidación, las amenazas, los aranceles y otras formas de ejercer presión sobre el oponente. A Donald Trump no le preocupaba el impacto del poder duro en la imagen de los Estados Unidos; al contrario, su enfoque se basa en que el poder duro es, precisamente, la imagen del país. Además, graves problemas internos, entre ellos una crisis de valores que dividió al país en dos campos hostiles, generaron la impresión de que los mismos Estados Unidos de hoy no comprenden qué valores constituyen actualmente el fundamento de la sociedad estadounidense.

El debilitamiento de los tres pilares del poder blando estadounidense

Desde el final de la Guerra Fría, los Estados Unidos han recorrido el camino de ser el líder ideológico y el referente de valores para la mayoría de los países del mundo hasta convertirse en un Estado cuya reputación internacional se asocia hoy con una amenaza a la soberanía nacional y a la identidad. La política agresiva de las élites neoliberales occidentales durante las últimas tres décadas ha logrado cultivar en la población de muchos países, e incluso en una parte de sus élites, un firme rechazo a aceptar incondicionalmente el «estándar global» que se les impone. El análisis del estado actual de los tres pilares del poder blando estadounidense permite concluir que ha llegado el momento de la sensatez y la desilusión por los estándares políticos declarados. La democracia, [el libre] mercado y los Derechos Humanos ―el mantra tradicional de los políticos occidentales― ya no se perciben como un enfoque innovador, como sucedía en la década de 1990. Al contrario, hoy constituyen un signo de la política agresiva de Estados Unidos contra otros países. La falta de alternativa al liderazgo estadounidense no solo se pone en duda, sino que es abiertamente impugnada por países como China, Rusia e Irán. Su disconformidad con la Pax Americana, aunque no tan ruidosamente, pero con una seguridad cada vez mayor, la expresan también muchos otros países que hace apenas una década no se habrían atrevido a hacerlo.

Las críticas a la globalización «a lo americano» no solo resuenan en los países que se oponen a Estados Unidos (Rusia, China, Irán), sino también entre los Estados del bloque occidental. En 2020, el entonces primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, publicó una carta en la que criticó duramente la actividad del conocido multimillonario estadounidense George Soros y de las estructuras vinculadas a su nombre, en particular la Open Society[17], acusándolo de intentar «abolir las estructuras nacionales» bajo las consignas de la promoción de la democracia.

En cuanto al componente cultural del poder blando, la industria cultural de masas estadounidense (producción cinematográfica, música, cultura popular) sigue siendo popular y goza de demandada en el mundo[18]. Al mismo tiempo, en la última década se han producido enormes cambios en el ámbito del despertar de la conciencia cultural nacional en muchos países del mundo. La americanización de la cultura de masas ha alcanzado su límite. La renuncia a las propias raíces culturales en favor de la cultura occidental se convirtió, en un momento dado, en una amenaza evidente para la singularidad civilizatoria y la identidad y, como consecuencia, para la soberanía valorativa de los países. Por consiguiente, muchos gobiernos comenzaron a restringir coactivamente la influencia de la cultura occidental, en primer lugar, de la estadounidense, en sus países; por ejemplo, introduciendo cuotas para los productos de la industria cinematográfica occidental.

Cambios no menos importantes se produjeron en torno al segundo pilar del poder blando: los valores que Occidente, encabezado por los Estados Unidos, proyecta hacia el mundo exterior. Dichos valores experimentaron una transformación sustancial y comenzaron a generar fenómenos y manifestaciones inaceptables para muchas sociedades tradicionales. La difusión de la agenda del movimiento LGBT[19], la temática de género radical y otras «nuevas» normas que se han desarrollado activamente en los países occidentales en los últimos años resultaron incompatibles con los valores de otras sociedades, las cuales no estaban dispuestas a aceptar esta propaganda agresiva ni a contemplar su propia cultura a través de los ojos de los estadounidenses.

Pero el mayor problema para Washington se produjo con el tercer pilar del poder blando: la legitimidad de su política exterior, sobre la cual, en acertada expresión del ministro de Asuntos Exteriores de Omán, Estados Unidos ha perdido el control. Tal como afirma Richard Stengel, exsubsecretario de Estado para la Diplomacia Pública de Estados Unidos, debido a la guerra de Donald Trump contra Irán, la popularidad del país caerá a niveles sin precedentes en lo que va del siglo y, posiblemente, no se recupere jamás, ni siquiera hasta alcanzar los niveles registrados durante las presidencias de Jimmy Carter o Ronald Reagan.

La concepción de Joseph Nye presupone que la legitimidad de la política exterior de los Estados Unidos y su aceptación incondicional por parte de otros países constituye la condición indispensable para la proyección del poder blando. Así fue en Europa Occidental después de 1945. Así sucedió en la década de 1990, cuando, tras la disolución de la URSS, Europa, a través de los formatos de la OTAN y la UE, aceptó el liderazgo indiscutible de los Estados Unidos en la construcción de un nuevo «mundo basado en las reglas [occidentales]».

Sin embargo, bajo la presidencia de Donald Trump, Washington dejó de preocuparse por el grado de legitimidad de su política ante los ojos de sus aliados, por no mencionar ya a sus rivales. El giro brusco desde la promoción de los valores y las reglas del orden mundial liberal hacia el nacionalismo estadounidense bajo las consignas del MAGA[20], la renuncia a la política de apoyo incondicional a la unidad atlántica, las dudas del presidente acerca de la utilidad de la OTAN, el intento de construir una línea particular de relaciones con Moscú y la falta de voluntad de empantanarse en el conflicto de Ucrania, en contra de las exigencias europeas de intensificar la ayuda a Kiev: todo esto generó en la UE un rechazo interno hacia las acciones de la administración estadounidense en el plano exterior. La consigna «Estados Unidos primero» dejó a los Estados Unidos en soledad; el liderazgo se convirtió en la «dominación arrogante» sobre la que advertía Zbigniew Brzezinski y que aleja a los aliados y conduce a la caída de la autoridad estadounidense en el mundo [21]. Aunque a menudo los aliados europeos de los Estados Unidos no expresan públicamente su descontento y disimulan cuidadosamente su actitud real hacia la administración de Donald Trump mostrando sonrisas de turno, su protesta se manifiesta en la falta de voluntad de aceptar compromisos en la cuestión ucraniana, así como en la ausencia de un apoyo real a Estados Unidos en su conflicto con Irán, lo que provoca la ira del presidente estadounidense, quien a este respecto llegó incluso a admitir la idea de una salida de los Estados Unidos de la OTAN.

La postura de los oponentes de los Estados Unidos y de los países neutrales con respecto a la política exterior de la administración estadounidense es aún más clara: abarca desde el rechazo total a las acciones desconsideradas de los Estados Unidos y un regocijo malicioso disimulado, hasta expresar su desacuerdo público que se manifiesta en todas las partes del mundo.

La resistencia ideológica al poder blando

Un factor sustancial en el declive de la popularidad del poder blando es la pérdida de interés por esta concepción por parte de otros países. Así, China ―en el pasado uno de los principales «fans» de Joseph Nye― ahora muestra una actitud fría por completo hacia esta idea y se ha reorientado hacia el «poder discursivo». Es más, los expertos chinos han propuesto una concepción propia: la «descolonización de la mente». Fue presentada en otoño de 2025 en el informe analítico titulado «Colonización de la Mente: Los Medios, Raíces y Peligros Globales de la Guerra Cognitiva de los Estados Unidos», elaborado por el Instituto Xinhua, centro de estudios afiliado a la Agencia de Noticias Xinhua. En el marco de esta concepción, los especialistas chinos examinan la política exterior de Estados Unidos a través del prisma de los intentos estadounidenses de colonizar la conciencia, es decir, de la implantación prolongada de sus narrativas valorativas e ideológicas en la mente de otros pueblos. Dicha implantación resulta necesaria para destruir los fundamentos civilizatorios de otros países y establecer una dominación ideológica.

El informe refleja una gran inquietud por el socavamiento de los fundamentos espirituales y morales de las civilizaciones locales a través de la destrucción de sus elementos valorativos cotidianos. Según los autores, la permanencia bajo la influencia constante de los valores estadounidenses conduce a la pérdida de la propia singularidad nacional y, como consecuencia, de la soberanía. De este modo, los Estados Unidos llevan a cabo la colonización de la mente de otros pueblos. Al mismo tiempo, los investigadores chinos constatan el declive de la hegemonía valorativa de los Estados Unidos y exhortan a otros países a resistir y a romper las «cadenas de la mente».

No menos aguda es hoy la reacción al poder blando en Rusia. La concepción se difundió ampliamente en la década de 2000, y el período de mayor popularidad del poder blando se produjo en el periodo comprendido entre 2012 y 2016, cuando esta noción comenzó a emplearse activamente no solo en los círculos académicos, sino también en el discurso político al más alto nivel[22]. Sin embargo, no se percibió una comprensión real de que dicha concepción simboliza la introducción del discurso político estadounidense en la conciencia de los expertos y politólogos rusos[23]. La situación empezó a cambiar tras el inicio de la operación militar especial, que condujo a un inevitable distanciamiento de las teorías, conceptos y enfoques occidentales.

La discusión en torno al poder blando en los propios Estados Unidos fue sintetizada por Nicholas Cull. Él propuso una alternativa en forma de su propia concepción, la «seguridad reputacional», que, en su opinión, puede servir de guía para elaborar un programa político sobre la imagen del país[24]. Esta concepción se basa en un enfoque sencillo: si un Estado goza de una reputación sólida y positiva, supera las crisis con mayor facilidad en comparación con aquellos Estados que carecen de una reputación tan firme o que tienen una reputación negativa[25]. Además, en el escenario internacional es preciso actuar paralelamente en dos direcciones: promover la propia reputación y destruir la reputación del adversario[26].

Aunque la concepción de la seguridad reputacional no ha adquirido hasta ahora una popularidad comparable a la del poder blando ni siquiera en los mismos Estados Unidos, no conviene subestimar los constantes intentos de la comunidad de expertos estadounidense por romper con el legado del profesor Joseph Nye y pasar de la idea de construir una imagen atractiva del país a la justificación de una política de promoción agresiva de los intereses nacionales, tanto en política exterior como económicos de los Estados Unidos, sin tomar en cuenta los valores y otras cuestiones consideradas «obsoletas».

La diplomacia pública permanece

Ahora bien, el ocaso de la concepción del poder blando no implica la renuncia automática de los Estados Unidos a la dominación del mundo. Aunque este país ha perdido en gran medida su liderazgo valorativo e ideológico en las relaciones con otros países, el declive no equivale a su desplazamiento. Los códigos culturales y las tendencias morales de moda pueden perder su atractivo, pero el mundo seguirá viviendo «en un mundo globalizado de origen occidental[27]». Para sostener los fundamentos valorativos de ese mundo, la maquinaria estatal de los Estados Unidos conserva un potente aparato de diplomacia pública, que surgió y existió mucho antes de la aparición de la concepción del poder blando[28].

A diferencia del poder blando, el sistema de diplomacia pública de los Estados Unidos constituye un mecanismo ramificado de estructuras gubernamentales y privadas, implicadas en la promoción del liderazgo político e ideológico del país en el mundo y en la influencia sobre la opinión pública extranjera en los ámbitos más diversos[29]. Se trata de una simbiosis del Estado, los negocios y los intereses privados en la política exterior de los Estados Unidos.

El sistema de diplomacia pública de los Estados Unidos continúa funcionando desde hace muchas décadas, independientemente de las concepciones politológicas que se hayan intentado aplicar para fundamentarlo y de las transformaciones estructurales que haya experimentado. Incluso a pesar del cese de la financiación por parte de Donald Trump a la USAID[30], Radio Liberty[31], la Fundación Nacional para la Democracia[32] y a otras estructuras, el sistema estatal de diplomacia pública, cuyo principal operador es el Departamento de Estado de Estados Unidos, no desaparecerá en ningún caso, porque su existencia viene predeterminada por la propia existencia de los intereses políticos y económicos globales de los Estados Unidos. El sistema puede sufrir altibajos, experimentar atrofia[33], pero no será suprimido bajo ninguna circunstancia. Washington no necesita el poder blando; le basta con mantener en forma su aparato de diplomacia pública, el cual permite aprovechar todo el abanico de capacidades humanitarias. Se trata de una circunstancia relevante que siempre es preciso tener presente al analizar las concepciones politológicas de moda que surgen, que solo son capaces de cautivar temporalmente la imaginación de determinados grupos académicos, de políticos o incluso de pueblos enteros, y de hacerles creer en recetas mágicas para la proyección de la imagen nacional en el exterior.

En este sentido, la diplomacia pública rusa, que atraviesa sus propias dificultades, no debería relajarse. El proceso de adaptación a las nuevas realidades internacionales ya fue superado en el período 2022-2024[34]; ahora ha llegado la etapa de formulación de nuevos objetivos y tareas. Por desgracia, muchos de los problemas y las dificultades propias del sistema ruso de diplomacia pública, sobre los cuales escribían y debatían los expertos ya antes de 2022[35], no han desaparecido en absoluto. La situación actual no ha hecho sino agravar los problemas acumulados, pero, al mismo tiempo, ha obligado a reconsiderar la idoneidad de los enfoques y los formatos de trabajo, y a buscar nuevos temas e instrumentos de interacción con la audiencia extranjera de los países amigos.

No obstante, más allá de los formatos y los instrumentos de trabajo, un componente esencial de la política humanitaria de cualquier gran país es su contenido conceptual y de sentido. Basarse en las concepciones de Occidente ya no es posible, y seguir hablando del poder blando como de una fuente de salvación de la imagen exterior del país resulta contraproducente. De ahí la conclusión: el espacio sociopolítico ruso debe dejar de pensar, razonar y operar con ideas ajenas, por muy familiares que estas resulten. Salir de la blanda zona de confort interna de Rusia hacia la dura realidad competitiva internacional constituye la mejor vía para elaborar una base valorativa y de sentido propio en la política humanitaria, es decir esa diplomacia pública rusa que tanto hace falta y que tantas expectativas despierta en numerosas regiones y países del mundo.

[1] Nye, J. S. (1990). Bound to Lead: The Changing Nature of American Power. Basic Books.

[2] Nye, J. S. (2004). Soft Power: The Means to Success in World Politics. Public Affairs; Nye, J. S. (2011). The Future of Power. Public Affairs; Nye, J. S. (2023). Soft Power and Great-Power Competition: Shifting Sands in the Balance of Power Between the United States and China. Springer.

[3] Nye, J. S. (2011). The Future of Power (p. 81). Public Affairs; Nye, J. (2017). Soft power: The origins and political progress of a concept. Palgrave Communications, 3, Article 17008. https://doi.org/10.1057/palcomms.2017.8

[4] Joseph Nye relató en repetidas ocasiones en sus entrevistas y mencionó en sus publicaciones la historia de cómo la idea del poder blando fue concebida literalmente en la mesa de la cocina. Sin embargo, lo mencionó por primera vez en su artículo de 2017. Nye, J. (2017). Soft power: The origins and political progress of a concept. Palgrave Communications, 3, Article 17008. https://doi.org/10.1057/palcomms.2017.8

[5] Nye, J. S. (2004). Soft Power: The Means to Success in World Politics (p. 10). Public Affairs.

[6] Ibid., 9.

[7] Suchkov, M. A. (2026). Post-Amerika: kak i pochemu meniaiutsia SŠA [Post-América: cómo y por qué cambian Estados Unidos] (p. 76). AST.

[8] Huntington, S. P. (1999). The lonely superpower. Foreign Affairs, 78(1).

[9] Voronkov, L. S. (2024). Liberalnye tsennosti v teorii i na praktike. O problemakh intellektualnoi dekolonizatsii Rossii [Los valores liberales en la teoría y en la práctica. Sobre los problemas de la descolonización intelectual de Rusia] (p. 293). MGIMO-Universitet.

[10] Ibid., 301.

[11] Zhuravleva, V. Y. (2011). Kontseptsiia «umnoi vlasti» i strategiia natsionalnogo razvitiia B. Obamy [El concepto de «poder inteligente» y la estrategia de desarrollo nacional de B. Obama]. Rossiia i Amerika v XXI veke, (2), 10.

[12] Gaman-Golutvina, O. V. (2024). «Grad na kholme» pered litsom znachimykh vyzovov [«La ciudad sobre la colina» ante desafíos significativos]. Sravnitelnaya politika, 15(1), 4–21.

[13] Cull, N. J. (2024). Reputational security: Refocusing public diplomacy for a dangerous world. (232 p.) Polity Press.

[14] Ibid.

[15] En particular, Nye describe el período de su enorme popularidad en los medios de comunicación chinos después de que el poder blando fuera mencionado en 2007 en un discurso del líder de China Hu Jintao. Nye, J. (2017). Soft power: The origins and political progress of a concept. Palgrave Communications, 3, Article 17008. https://doi.org/10.1057/palcomms.2017.8

[16] El segundo mandato presidencial de D. Trump comenzó el 20 de enero de 2025.

[17] En 2015 fue incluida en la Lista de organizaciones extranjeras e internacionales cuyas actividades han sido reconocidas como indeseables en el territorio de la Federación de Rusia.

[18] Artamonova, U. Z. (2022). «Popkorn-diplomatiia»: rol amerikanskikh blokbasterov v voprosakh miroporiadka [“Diplomacia de las palomitas”: el papel de los blockbusters estadounidenses en el orden mundial]. Analiz i prognoz. Zhurnal IMEMO RAN, (3), 76–90. https://doi.org/10.20542/afij-2022-3-76-90

[19] El movimiento ha sido reconocido como extremista y está prohibido en el territorio de la Federación de Rusia.

[20] Voytolovskaya, A. R. (2025). Obiknovennyi «trampizm» [El «trumpismo» ordinario]. Mirovaya ekonomika i mezhdunarodnye otnosheniya, 69 (9), 62–72. https://doi.org/10.20542/0131-2227-2025-69-9-62-72

[21] Bzhezinski, Z. (2007). Vybor: mirovoe gospodstvo ili globalnoe liderstvo [La elección: dominación mundial o liderazgo global] (p. 268).

[22] Burlinova, N. V. (2024). Teoriya i praktika publichnoi diplomatii Rossii [Teoría y práctica de la diplomacia pública de Rusia] (S. M. Gavrilova, E. A. Solodukhina et al., Eds.; pp. 48–54). NP RСMD.

[23] Uno de los críticos más conocidos del uso del término «poder blando» en el contexto ruso es el exdirector de Rossotrudnichestvo, Yevgueni Primakov, quien dirigió la agencia entre 2020 y 2026. Al considerar este término como parte del imperialismo estadounidense, E. Primakov propuso introducir activamente el concepto de «política humanitaria».

[24] Cull, N. J. (2022). From soft power to reputational security: Rethinking public diplomacy and cultural diplomacy for a dangerous age. En B. J. C. McKercher (Ed.), The Routledge handbook of diplomacy and statecraft (pp. 409–419). Routledge. https://doi.org/10.4324/9781003016625-41

[25] Cull, N. J. (2024). Reputational security: Refocusing public diplomacy for a dangerous world. Polity Press.

[26] Artamonova, U. Z. (2024). Kontseptsiya “reputatsionnoi bezopasnosti” v publichnoi diplomatii SŠA posle 2022 g. [El concepto de “seguridad reputacional” en la diplomacia pública de Estados Unidos después de 2022]. Analiz i prognoz. Zhurnal IMEMO RAN, (4), 30–42. https://doi.org/10.20542/afij-2024-4-30-42

[27] Slezkin, P. (2025). Kuda dvizhetsya Zapad? [¿Hacia dónde va Occidente?]. Rossiya v globalnoi politike, 23 (6), 46.

[28] El término «diplomacia pública» fue introducido en el discurso de política exterior en la primera mitad de la década de 1960 por el diplomático retirado Edmund Gullion. Por diplomacia pública entendía los medios a través de los cuales los gobiernos, los grupos privados y los individuos influyen en las actitudes y opiniones de otros pueblos y gobiernos de manera que esto repercuta en sus decisiones de política exterior. Burlinova, N. V. (2024). Teoriya i praktika publichnoi diplomatii Rossii [Teoría y práctica de la diplomacia pública de Rusia] (S. M. Gavrilova, E. A. Solodukhina et al., Eds.). NP RSMD.

[29] Kubyshkin, A. I., & Tsvetkova, N. A. (2013). Publichnaya diplomatiya SŠA [La diplomacia pública de Estados Unidos]. Aspekt Press.

[30] Incluida en la lista de organizaciones extranjeras e internacionales cuyas actividades han sido reconocidas como indeseables en el territorio de la Federación de Rusia.

[31] Reconocida en Rusia como agente extranjero, así como organización indeseable.

[32] Incluida en la lista de organizaciones extranjeras e internacionales cuyas actividades han sido reconocidas como indeseables en el territorio de la Federación de Rusia.

[33] Artamonova, U. Z. (2026). Izumrudnyi grad na kholme: publichnaya diplomatiya SŠA [La ciudad esmeralda sobre la colina: la diplomacia pública de Estados Unidos] (pp. 55–80). Ves mir.

[34] Burlinova, N., & Tabak, V. (2024, 2 de agosto). God velikogo povorota: publichnaya diplomatiya regionov Rossii posle 2022 g. [El año del gran giro: la diplomacia pública de las regiones de Rusia después de 2022]. RSMD. https://russiancouncil.ru/analytics-and-comments/analytics/god-velikogo-povorota-publichnaya-diplomatiya-regionov-rossii-posle-fevralya-2022-g/

[35] Burlinova, N., Vasilenko, P., Ivanchenko, V., & Shakirov, O. (2020). Ekspertnyi obzor rossiiskoi publichnoi diplomatii v 2018–2019 gg. 10 shagov na puti k effektivnoi publichnoi diplomatii Rossii [Revisión experta de la diplomacia pública rusa en 2018–2019. 10 pasos hacia una diplomacia pública eficaz de Rusia] (I. Timofeev & O. Pylova, Eds.). NP RSMD.

 

Escrito por Natalia Burlinova: Doctora en Ciencias Políticas, Profesora Asociada del Departamento de Ciencias Políticas, Facultad de Ciencias Sociales y Comunicación de Masas, Universidad Financiera dependiente del Gobierno de la Federación Rusa, Directora del Proyecto «Prácticas de Diplomacia Pública de las Regiones Rusas», Miembro de la Cámara Pública de la Federación Rusa.

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