Desafíos y oportunidades de la política exterior mexicana en Asia Pacífico

Por Andrés Herrera Esquivel

Asia Pacífico se ha convertido en una de las regiones más dinámicas para el escenario internacional. La importancia que tiene para el comercio, las cadenas de suministro globales y la seguridad son solo algunos de los temas que justifican su relevancia. México ha sido un aliado estratégico desde años atrás, lo que le ha permitido crear nexos de cooperación entre ambas regiones.

Dado el contexto actual y las oportunidades de crecimiento, México debe prestar especial atención en actualizar su política exterior para Asia Pacífico, tomando en cuenta los beneficios económicos y culturales, pero también haciendo énfasis en las tendencias políticas y retos actuales. México tiene el potencial de promover alianzas con otros países para que puedan abrirse nuevos frentes de cordialidad para la diplomacia mexicana.

Esta misión no está exenta de desafíos, especialmente por las tensiones actuales entre China y Estados Unidos. Sin embargo, el tiempo es propicio para invertir esfuerzos en analizar la situación actual y proponer una política exterior activa y estratégica para Asia Pacífico. Para ello, es importante primero, el analizar los sucesos importantes y las tendencias con el objetivo de identificar temas relevantes y espacios de oportunidad.

Nubarrones geopolíticos

Compuesta por una gran cantidad de países desde India a Australia, las situaciones que ocurren en esta parte del mundo pueden tener un alto impacto en la política exterior de aliados clave como China, Corea del Sur o Japón.

Sin duda alguna, el tema que domina la región son las tensiones entre China y Estados Unidos, la cual pone sobre la mesa el tema de la seguridad regional. Por un lado, Estados Unidos promueve una red de alianzas compleja compuesta por el nuevo pacto militar Aukus con Australia y Reino Unido y por la alianza estratégica del Quad con Australia, India y Japón enfocada en la colaboración tecnológica y en proyectos de infraestructura y salud (Castellanos, 2021).

China por su parte, busca manejar este frente de alianzas al promover el control de Hong Kong, Taiwán, y su posición actual en el mar Meridional, donde ha realizado continuos ejercicios navales con nueva tecnología militar. También impacta en su política exterior las diferencias territoriales con Japón, las disputas con India en los Himalayas y la carrera armamentística de Corea del Norte (Traslosheros, 2021). Si bien, con ambos países existen puntos de cooperación, en la práctica el panorama resulta más complejo, especialmente por el asunto con Taiwán.

Esta rivalidad sinoestadounidense impacta evidentemente en los demás países de la región. Este escenario puede verse reflejado en las dinámicas dentro de la Asociación de las Naciones de Asia Sudoriental (ASEAN) que ha tenido dificultades en establecer planes de acción claros e incluso mantener su unidad (Choong, 2021). De ahí que se desprendan otros temas que competen a la región como lo son el caso de derechos humanos y gobernanza en Myanmar, las protestas contra el gobierno militar de Tailandia o las elecciones presidenciales en Filipinas.

Asimismo, México debe estar atento de tres elecciones importantes en 2022 que se celebran en Estados clave: Australia, Corea del Sur y Japón. El resultado dentro de los gobiernos puede implicar cambios en sus planes de desarrollo nacional y el posicionamiento dentro de la rivalidad sinoestadounidense.

Por todo lo anterior, no sería del todo incorrecto afirmar que la integración actual en Asia Pacífico presenta nubarrones geopolíticos como bien comentó el ex Embajador de Nueva Zelanda, Dr. Traslosheros (2021), donde fortalecer los mecanismos de diálogo es tanto urgente como necesario.

Visión de México hacia Asia Pacífico

Previo a la formulación de propuestas de política exterior que pongan en perspectiva un panorama claro de las tensiones y retos actuales, una tarea pendiente es confirmar el papel relevante de México en la región. Es necesario comprender que geográficamente México se encuentra incluido en el espacio de influencia y, por lo tanto, la región merece una cuidadosa atención tal como se le da a América del Norte o a la Unión Europea.

León-Manríquez, & Apango (2015) recomiendan poner en el centro de la conversación, que México es un país bioceánico con amplio litoral hacia el Pacífico, aspecto que ha promovido el intercambio entre países de ambas regiones desde antes de los primeros años del México independiente.

Olloqui (2002) hace énfasis en la política exterior de “abanico” y de largo plazo, ya que la fortaleza de México es su multidiversidad política para identificarse con más de una región geográfica, ya sea norteamericana, atlántica, centroamericana, latinoamericana, o también del pacífico. Debido a ello, Olloqui recomienda aprovechar la polivalencia de estas dimensiones al diseñar estrategias de acercamiento.

Ejercicios como los anteriores son fundamentales para establecer la credibilidad y legitimidad de que invertir en mejorar la relación con Asia Pacífico es clave, puesto que México es parte de Asia Pacífico y lo ha sido por muchos años. El resaltar de manera conceptual y narrativa que esta región es esencial para la política exterior mexicana puede despertar un apoyo de toda la administración para diversificar sus esfuerzos en esta parte de Asia, no en detrimento de los proyectos actuales en América del Norte y en Europa, sino como un mercado de oportunidad existente no aprovechado al 100%.

Con estos esfuerzos podría empezar a gestarse una “Visión de México hacia Asia Pacífico”, con la cual los diplomáticos mexicanos pueden demostrar a organismos como la ASEAN que la visión de México en la región también es relevante y que su participación en los diálogos de seguridad o colaboración tecnológica y de infraestructura presentan un valor agregado que es importante considerar.

Crear este tipo de estrategias no va sin sus correctas y precisas preocupaciones. Diseñar una visión de este tipo podría resultar contraproducente en un espacio donde las rivalidades parecen obligar a tomar un bando, lo cual limitaría la cooperación de un país con otros. Sin embargo, México puede nutrirse de su experiencia de política exterior en otros escenarios multilaterales complejos como el Consejo de Seguridad, donde aboga por declaraciones como la del Embajador Ramón de la Fuente (2022) de “distención, diplomacia y diálogo”, que pueden ser sumamente útiles para emitir posturas claras que demuestran compromiso, conocimiento y, lo más importante, interés.

Es claro que México tiene mucho que ganar con fortalecer las relaciones con los países de Asia Pacífico, tanto con aliados clave como con aquellos donde las relaciones no son tan estrechas. El congeniar las áreas de interés con las tensiones políticas o la dificultad inicial de enmarcar un mensaje de acercamiento no deben ser impedimento para involucrase más en la región. México se puede beneficiar de acciones estratégicas y precisas aunque sean pequeñas que mantener el nivel de cooperación actual. León-Manríquez, & Apango (2015) resaltan que es momento de transformar los lapsos alternativos de alejamiento y acercamiento con Asia Pacífico para consolidar un acercamiento continuo y planeado.

La lista de tareas

Si el país afirma el compromiso con actualizar su política exterior para la región a través de una Visión de México hacia Asia Pacífico, la Secretaría de Relaciones Exteriores puede empezar a compilar una lista oficial de tareas que los diplomáticos, empresarios, universidades y demás actores de la sociedad civil, deberían enfocarse al colaborar con la región, ya que como comentan Meda, Radillo, & Plascencia (2015), el éxito de México en Asia Pacífico depende de hacer un acercamiento horizontal que incluya a la mayor cantidad de figuras posibles.

De igual manera, Uscanga (2012) en su agenda para el Pacífico asiático, comentaba inicialmente la necesidad de participar en los procesos de reforma de APEC; el abrir espacio de diálogo con ASEAN en temas políticos y de seguridad regional; y ampliar la diplomacia cultural con los países del sudeste. Hoy también debería analizarse la posibilidad de cooperación con el TPP, RCEP, MIKTA, Aukus y el Quad. México también debe empezar a incursionar en temas más allá del intercambio económico y fomentar el diálogo y conversación en otro tipo de asuntos como la seguridad internacional donde puede adquirir beneficios de asesoría, capacitación, recursos y tecnología (León-Manríquez & Apango, 2015).

Otro de los temas a enfocar debería ser también el cultural, donde podría iniciar con los países donde existen menos lazos estratégicos como Brunéi, Camboya o Laos. Dentro de ello, la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional (AMEXCID) puede ser un actor clave en despertar proyectos de esta índole, como intercambios académicos, espacios de diálogo y el seguimiento de alianzas. Como mencionan Castelló & Cardoso (2016), Asia Pacífico no es un todo homogéneo, sino es un mosaico de regiones y naciones con diferentes matices culturales, idiomas, religiones y sistemas filosóficos.

Adicionalmente, es importante resaltar que ampliar el enfoque de temas no implica la disminución en el espacio comercial, puesto que México tiene la gran tarea de optimizar y aprovechar los tratados de libre comercio existentes de la región y fortalecer sus cadenas de suministro a través de los 11 puertos de altura en el océano Pacífico. Lotfe & Chávez (2021) también enfatizan en aprovechar el desarrollo del Corredor Interoceánico para el comercio hacia Asia, ya que aumentará la productividad al unir los puertos de Salina Cruz y Coatzacoalcos.

Con los acuerdos comerciales también puede comentarse lo mismo y pasar de la retórica a la acción para incentivar el desarrollo y cooperación regionales, así como conocer mejor los métodos y formas de hacer comercio e inversión en los países de la región.

Finalmente, dentro de la Visión también debe hacerse énfasis en fomentar la descentralización al ejecutar esta estrategia. Deben crearse mecanismos y estructuras para que sea más sencillo a los gobiernos locales suscribir convenios, acuerdos, alianzas e inversiones con Asia Pacífico sin tener que depender en todo momento de las entidades federales. En esta línea, la coordinación entre las diferentes Coordinaciones de Asuntos Internacionales de los Estados se presenta como un área de oportunidad para este tipo de estrategias.

La Bisagra en Asia Pacífico

En este sentido, el coordinar la actualización de una política exterior activa y estratégica en Asia Pacífico presenta oportunidades de crecimiento favorables pero también retos y complejidades extenuantes. Solo el mediar entre la tensión entre Estados Unidos y China puede ser el primer factor para dejar a un lado este tipo de propuestas. No obstante, es precisamente por ese aspecto que México tiene un papel clave que jugar en Asia Pacífico.

El país tiene la oportunidad de presentar una nueva visión que aporte nuevas dimensiones a las perspectivas existentes de China, Estados Unidos o ASEAN. Tiene la ventaja de operar bajo una política de abanico y de ahí incluir de manera más presente, su punto de vista dentro de esta región tan importante para el sistema internacional actual. De esta manera, al identificar los desafíos y oportunidades de la política exterior mexicana en Asia Pacífico, México puede despertar la centralidad de esta región para alcanzar una mayor vinculación que traiga beneficios para los objetivos nacionales y para el crecimiento estratégico de ambas regiones.

Referencias

Castellanos, R. (2021, 17 de diciembre). Asia-Pacífico en 2022. El Orden Mundial. https://elordenmundial.com/asia-pacifico-en-2022/

Castelló, A. & Cardoso, A. (2016). México y sus relaciones con Asia-Pacífico. Revista Mexicana de Política Exterior 108, 7-13. https://revistadigital.sre.gob.mx/index.php/numeros-anteriores/183-rmpe-108

Choong, W. (2021, 19 de octubre). Why AUKUS Alarms ASEAN. Foreign Policy.  https://foreignpolicy.com/2021/10/19/asean-aukus-china-us-rivalry/

Fuente, J. (2022, 17 de febrero). CSNOU sobre Ucrania. Secretaría de Relaciones Exteriores. https://nextcloud.sre.gob.mx/index.php/s/WoFbWWDR8cfBeFR

León-Manríquez, J., & Apango, E. (2015). México y Asia Pacífico: proximidades y distancias de una dilatada relación. Revista CIDOB d’Afers Internacionals 110, 113-139. https://www.cidob.org/es/articulos/revista_cidob_d_afers_internacionals/110/mexico_y_asia_pacifico_proximidades_y_distancias_de_una_dilatada_relacion

Lotfe, F., & Chávez, G. (22 de julio 2021). La inserción de México en el ámbito del Indo-Pacífico. Foreign Affairs Latinoamérica. https://revistafal.com/la-insercion-de-mexico-en-el-ambito-del-indo-pacifico/

Meda, K., Radillo, F. & Plascencia, J. (2015). Los retos de México en la región Asia Pacífico: perspectivas en el siglo XXI. Portes, Revista Mexicana de estudios sobre la Cuenca del Pacífico, 9(18), 25-50. http://www.portesasiapacifico.com.mx/revistas/epocaiii/numero18/2.pdf

Olloqui, J. (2002). Diplomacia Total: Multigeopoliticidad, Grandeza de México. Anuario Mexicano de Derecho Internacional 2, 279-304.  https://revistas.juridicas.unam.mx/index.php/derecho-internacional/article/view/35

Traslosheros, G. (2021, 29 de abril). Nubarrones geopolíticos en la interacción de Asia Pacífico. El Heraldo de México. https://heraldodemexico.com.mx/opinion/2021/4/29/nubarrones-geopoliticos-en-la-interaccion-de-asia-pacifico-290084.html

Andrés Herrera Esquivel
Andrés Herrera Esquivel

Es estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Anáhuac Mayab. Colabora en el Centro de México para América Latina de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. Interesado en geopolítica, política exterior, economía y medio ambiente.

Operación militar rusa en Ucrania desde una perspectiva del paradigma realista de las Relaciones Internacionales

Aproximaciones al Conflicto

 El 2022 se reconocerá como el año de un nuevo conflicto en Europa post Guerra Fría, del cual surgen diferentes puntos para analizar y tener una perspectiva amplia y no generalizada; para ello, debemos observar principalmente a nivel histórico que Rusia y Ucrania fueron parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), la cual se disolvió en 1991, año en que Ucrania se declaró independiente, libre y soberana, y la Federación de Rusia se quedó sin su segunda capital más importante, la cual representaba el 22% de la producción agrícola encargada de abastecer a la Unión. 

 Ucrania es una república democrática joven, por ende, representa una estructura de gobierno frágil, y más aún, comparte ideologías y cultura rusa, lo que ha causado una división en su población, por un lado los nacionalistas y por otro los prorrusos, con un choque ideológico (occidente-oriente) dentro de su territorio.

 Desde la anexión de Crimea por parte de Rusia, misma que la comunidad internacional no reconoce como legítima, así como la posterior firma del acuerdo de Minsk por parte de Ucrania en 2014, se puede evidenciar el continuo conflicto entre ambos grupos, teniendo como principal escenario la región de Dombás, donde la mayoría de sus habitantes son prorrusos. Por ende, las regiones de Lugansk y Donetsk (Donbass), solicitaron al gobierno de Vladimir Putin el reconocimiento de su independencia y el apoyo para preservar su permanencia como Estados. Rusia efectivamente brindó este reconocimiento y afirmó en un comunicado que:

Las circunstancias requieren acciones firmes e inmediatas. Las repúblicas del Dombás han  pedido ayuda a Rusia. De este modo, y de acuerdo con el artículo 51 parte 7,  de la carta de las Naciones Unidas con el consentimiento del Consejo de la Federación de Rusia y de conformidad con el acuerdo ratificado el 22 de febrero de este año sobre la amistad y la ayuda mutua con las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk he decidido llevar a cabo una operación militar especial. Su objetivo es proteger a las personas que han sido objeto de intimidación y genocidio  por parte del régimen de Kiev durante ocho años (2O Minutos,2022).

 Hay que recordar que el artículo 51, con el cual el presidente de Rusia respalda su ofensiva militar, alude a “el derecho inmanente de legítima defensa individual o colectiva en caso de ataque armado contra un miembro de las Naciones Unidas”.

A pesar de que meses atrás Ucrania solicitaba apoyo a la comunidad internacional y a la OTAN por la incursión militar rusa en la frontera ucraniana, actualmente está incursión terminó desencadenando un conflicto al interior de este país, debido a que han transcurrido algunos días desde el inicio del mismo y el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, el 25 de febrero anunció en una rueda de prensa que “nos han dejado solos, el país más poderoso del mundo mira desde la distancia” (CNN), refiriéndose a Estados Unidos. Por otra parte, en cuanto a las medidas tomadas por la OTAN, G7 y la Unión Europea, han sido solamente a nivel económico, con el levantamiento de paquetes de sanciones en contra de Rusia.

Conflicto entre Rusia y Ucrania a la luz de la teoría realista

 Un análisis desde la perspectiva del paradigma realista de las relaciones internacionales nos indica que, los Estados están en constante choque y conflicto, y que las relaciones de cooperación y de paz muchas veces no pueden llevarse a cabo entre estos. Como lo indica Hans Morgenthau en su obra “Política entre las naciones: la lucha por el poder y la paz” a través del estudio del fenómeno del poder en la política internacional y la batalla para conseguirlo, sostiene que, los problemas del mundo se deben a tres causas: el deseo del poder del hombre, la definición de los intereses nacionales basados en el poder y la naturaleza anárquica del sistema internacional (Morgenthau, 1986).

 Claramente, hemos visto cómo se han realizado distintas mesas de diálogo entre Ucrania y Rusia, pero las negociaciones se derrumbaron y no se concretó un acuerdo para que prevalezca la diplomacia y la paz como lo sugiere el paradigma idealista.

Por ende, estas interacciones entre ambos países tras la operación militar, se pueden explicar desde la teoría realista, donde el poderío militar juega un papel importante en el reconocimiento internacional de un Estado como un actor estratégico, por lo que organismos internacionales como las Naciones Unidas que tienen un objetivo principal en mantener la paz y proteger los derechos humanos, siguen siendo entes que jurídicamente no pueden obligar a un Estado a tomar ciertas acciones en torno al mantenimiento de la seguridad internacional, con lo cual su actuar se queda corto.

 Por otra parte, hay que recordar que para la conformación de un Estado se necesitan elementos fundamentales como: territorio, población, gobierno, soberanía y reconocimiento internacional. En la vida de un Estado es necesario este conjunto de elementos para considerarse como tal y ser reconocido en el sistema internacional, la modificación o la privación de alguno de estos, causa la pérdida de su statu quo en el sistema internacional.

 Como se puede analizar, Ucrania está siendo debilitada primero a nivel territorial, donde el conflicto con las fuerzas militares rusas está afectando a la población y la infraestructura de las ciudades; aunque Rusia ha manifestado que esta operación militar no es para anexar el territorio, no deja de ser una amenaza para este elemento.

 En cuanto a la población, la mayoría han decidido abandonar el país en busca de refugio, pero muchos de los hombres han tenido que quedarse para brindar un apoyo al ejército. Debido a que, en un discurso del 23 de febrero, el presidente de Ucrania tomó una decisión importante; ya que:

Declaró el estado de emergencia -un instrumento por el que se restringen los movimientos cerca de la frontera y aumenta el control sobre los extranjeros, el uso de drones o la toma de fotografías de elementos e instalaciones de seguridad-, movilizó a miles de reservistas de 16 a 60 años para aumentar la «capacidad operativa» del Ejército y consiguió de sus diputados la aprobación en tiempo récord de un proyecto de ley destinado a «liberalizar la circulación» de armas entre los civiles (Peréz, 2022).

 De igual forma, el gobierno buscará mantener la soberanía de Ucrania y su independencia, por lo que las bajas de militares son evidentes, la carrera armamentística representa una gran ventaja para aquel Estado que la posee, y debido a la anarquía del sistema internacional, los Estados se fortalecen mejorando su capacidad de defensa de futuros ataques. Esto, explicado desde el realismo, demuestra que la capacidad de armamento y defensa es el eje central para los Estados con el fin de mantener su poder dentro del sistema, el cual es la esencia y el fin último del Estado.

Por ende, desde la perspectiva rusa, se puede observar cómo el gobierno ha tomado decisiones con base en esto. Si volvemos a la historia recordaremos cómo este en la Guerra Fría perdió su posición en la polarización del sistema internacional, pero, nuevamente ha despertado este gigante dormido de oriente debido a la capacidad política en el gobierno de Putin para el reposicionamiento de Rusia en el sistema, no solamente como potencia mundial, sino también por ser un contrapeso para el expansionismo de la OTAN.

 De modo que, como lo menciona Nicolas Maquiavelo en su obra titulada El príncipe, “es mejor ser temido que ser amado”. Rusia públicamente ha amenazado a Finlandia y a Suiza de invadir sus territorios en caso de que estos intentasen pertenecer a la OTAN, lo que podríamos estar presenciando como el resurgir de la Guerra Fría, en donde se ven implicadas las ideologías marcadas de los países occidentales y de Oriente (capitalismo vs socialismo).

 De igual manera, no debemos olvidar que este conflicto no debe ser catalogado como guerra mundial, ya que, por el momento se lleva a cabo entre estos dos Estados, por lo que no cumple con las características suficientes para ser considerada como tal, como lo define Julián Pérez Porto y Ana Gardey, el concepto de guerra mundial es un:

Conflicto bélico a gran escala que cuenta con la participación de países de distintos continentes. Existe consenso respecto a la existencia de dos guerras mundiales a lo largo de la historia: la Primera Guerra Mundial (que tuvo lugar entre 1914 y 1918) y la Segunda Guerra Mundial (1939–1945). (2010).

Así como Rusia no debe compararse como la Alemania imperialista de la Primera y Segunda Guerra Mundial. Según las declaraciones del presidente de Rusia,53 su operación militar es con carácter especial, para proteger a sus conciudadanos rusos en la región de Ucrania, por lo que no busca anexar territorio, sino eliminar toda amenaza de armamento militar y nuclear contra su población; sin embargo, las aspiraciones pueden cambiar en el transcurso de la guerra y según se unan más participantes podremos solo así hablar de una Tercera Guerra Mundial.

Citas

Jaqueline Mishell Che Zetino
Jaqueline Mishell Che Zetino

Estudiante del 5º semestre de la Licenciatura en Relaciones Internacionales  con Especialidad en Seguridad Internacional de la Universidad San Carlos de Guatemala.

COVID-19: una mirada a los retos globales desde espacios no tradicionales

Por: José Daniel Arias Torres, Carlos Alfredo Sánchez Barón, Halel Yejudith Tobías Figueroa.

El replanteamiento del carácter estatocéntrico del sistema internacional y la emergente interdependencia global a partir de la segunda mitad del siglo XX, permitieron la aparición de nuevos actores, entre ellos los gobiernos subnacionales. Para la década de los ochenta, “Panayotis Soldatos introduce el término “paradiplomacia”, enfocado a la actividad internacional de los gobiernos subnacionales, más acorde con sus intereses económicos, políticos o culturales bajo el contexto de una globalización en proceso”.[1]

En razón de lo anterior, los gobiernos subnacionales comienzan a vincularse con las dinámicas locales y globales; alineando su accionar (en la mayoría de los casos) con el de las autoridades nacionales, pues su participación en diversas esferas como lo ambiental, económico, social, cultural, entre otros, además del surgimiento de nuevos espacios de interacción, consecuencia de la globalización (entendida como el fenómeno resultante de las interacciones globales entre los diferentes actores que integran al sistema internacional: Estados, algunas empresas, mercados financieros y organizaciones, hasta llegar a las ciudades y personas) dota a los actores no estatales de un poder de acción y decisión sobre asuntos propios en su relación con lo global, dado que les permite ingresar a la arena internacional con más peso.

De esta forma, la globalización, fundada por una razón económica-capitalista, ha resultado de la integración e interdependencia de mercados, generando un proceso que es transdimensional y que impacta en diversas dimensiones humanas. Cabe mencionar que la globalización a pesar de ser un proceso constante desde la entrada del siglo XX, se acelera exponencialmente a través de la integración internacional en la segunda mitad del mismo siglo, impulsada por la participación de los actores locales, como también por la conectividad y velocidad que ofrecían las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), siendo estas herramientas las rutas que aceleraron a un proceso de integración global motivado por su dimensión económica. La globalización e interdependencia son elementos que facilitan el acceso a los diferentes actores a repercutir económica, social, cultural y políticamente en el sistema internacional, desplazando las estructuras, convirtiendo al mundo en un entorno multinivel con diversidad de voces.

Dentro de esta línea, la conectividad, tecnificación, interconexión y desarrollo, han posibilitado el surgimiento de ciudades inteligentes (Smart cities), es decir, espacios urbanos que interactúan con la población para optimizar y mejorar la calidad de vida en diversas áreas a través de la tecnología, y que son de suma importancia para hacer frente a los nuevos retos relacionados con la sostenibilidad y el surgimiento de crisis globales como la pandemia del COVID-19, a través de la recolección de datos, de afluencia o de gentrificación.

Las ciudades son espacios que incentivan la descentralización, en ese sentido, el enfoque de soluciones desde lo local, ha sido uno de los principios más novedosos para generar mejores condiciones de bienestar e impulsar el desarrollo sostenible, así como para hacer frente a los retos más apremiantes del siglo XXI, como lo son la migración, la seguridad, la degradación ambiental, la lucha contra el cambio climático y la salud.

A su vez, los retos globales ligados al desarrollo, en un contexto donde las problemáticas sociales, económicas y ambientales se interrelacionan, han evidenciado la importancia de la participación de los gobiernos y las comunidades locales, así como del impulso a la tecnología y a la innovación para el cumplimiento de las metas globales actuales.

Cabe destacar que, a partir de la negociación de la Agenda 2030 y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el papel de las ciudades y las comunidades locales como actores de desarrollo se ha fortalecido bajo el principio de no dejar a nadie atrás.

Lo anterior toma particular relevancia en el contexto de la crisis económica y sanitaria por la pandemia del COVID-19, en donde los gobiernos locales desempeñan un rol decisivo en la labor de prevención, protección, erradicación y recuperación de su población.

La preparación, la infraestructura, el capital humano y el acceso a los fondos de emergencia de los gobiernos locales, así como la coordinación y el flujo de comunicación de estos con los gobiernos centrales, se encuentran entre las medidas más importantes para contener la propagación del virus y garantizar una rápida recuperación. (UNCDF, 2020, p.2) 

Esta importancia ha sido recogida en América Latina por los principales organismos y mecanismos regionales, la Guía de acción política para enfrentar la pandemia del COVID-19 de la Organización de Estados Americanos (OEA), impulsa desde sus pautas el fortalecimiento de los gobiernos locales para reforzar la gestión pública frente a la crisis sanitaria. Asimismo, de acuerdo a recomendaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el empoderamiento de los gobiernos locales es fundamental para una recuperación económica que coadyuve a crear una nueva realidad post pandemia con menores condiciones de desigualdad, más resiliente, sostenible y que mejore la calidad de vida de todas las personas.

Para lograr lo anterior, es fundamental la acción desde lo local, tanto en el entorno rural, a través del desarrollo de nuevas y mejores oportunidades, el fortalecimiento de la producción agrícola y el aprovechamiento de los servicios ecosistémicos de manera sostenible; como en el entorno urbano, que de acuerdo a estimaciones del Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Habitat), para 2030 será hogar del 60% de la población mundial.

Las ciudades deberán fortalecer sus procesos de planeación territorial, transformar sus patrones de consumo y reorientar los modelos de desarrollo para contar con la capacidad de sostener a una población cada vez mayor, frente a los retos crecientes en materia de salud, acceso a recursos y por el aumento de fenómenos meteorológicos extremos derivados de los efectos del cambio climático.

En la realidad, los actores gubernamentales no centrales cuentan con una serie de buenas prácticas para la gestión de la pandemia que merecen ser estudiadas, entre ellas figura la Guía metodológica de Recuperación Socioeconómica Municipal en contexto de COVID-19, elaborada por ONU Habitat y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), con el objetivo de orientar a las autoridades locales a crear su Plan de Recuperación Socioeconómico Municipal (PRESEM), basado en la conformación de un Comité Directivo Municipal para la recuperación resiliente; la adecuación de un marco normativo; la reasignación de recursos; el mapeo de actores para la gobernanza de la recuperación; la identificación de actores clave para la reactivación económica y la recuperación de empleos; así como el establecimiento de un mecanismo de coordinación multiactor.

Por otra parte en 2020 se llevaron a cabo una serie de conversaciones de la mano de ONU Habitat, las cuales llevaron por nombre “Experiencias de aprendizaje en vivo: Más allá de la respuesta inmediata al brote”, estas tuvieron como objeto compartir aprendizajes y conocimientos sobre las acciones de los gobiernos locales de diferentes ciudades del mundo para hacerle frente a la actual crisis, estos diálogos se generaron a través de espacios virtuales, dando prueba de que este nuevo tipo de entornos  marcarán el paradigma político y económico, como mecanismos de descentralización, que utilizados de forma correcta dan respuesta a las demandas no cubiertas por el Estado, al cual, debido a sus limitados recursos y capacidades, le es imposible atender todos los intereses, necesidades y conflictos existentes en su interior.

De la misma manera, algunas ciudades y municipalidades de América Latina han llevado a cabo buenas prácticas frente al COVID-19. Por ejemplo: en Colombia, el ayuntamiento de Bogotá ha lanzado el concurso Hackatón #MOOVID19 junto a organizaciones de la sociedad civil, con la finalidad de que los ciudadanos compartan propuestas de análisis de datos sobre cómo mejorar la organización del transporte colectivo en la ciudad durante la pandemia; por otra parte, la alcaldía municipal de Chía desarrolló la aplicación CHIAPP para donar o solicitar ayuda, e informar a las autoridades sobre el alza de precios en los productos de la canasta básica y situaciones que pueden incrementar los contagios.

Igualmente, en Argentina, la ciudad de Buenos Aires también cuenta con su plataforma de voluntariado para ayudar a las personas mayores; y la municipalidad de Rosario, recoge toda la información pertinente para permitir que los ciudadanos puedan pedir y ofrecer ayuda, realizar donaciones, inscribirse como voluntarios y compartir proyectos contra el virus.

Otro ejemplo es el caso de la Ciudad de México, donde se ha creado el Plan Gradual hacia a la Nueva Normalidad, en el cual gracias a la interconectividad entre ciudadanos y ciudades, se hace un mapeo claro del desarrollo de los contagios, identificando áreas de potencial riesgo de infección y rastreando a ciudadanos/usuarios que hayan convivido con personas enfermas.

Por otro lado, en Montevideo, Uruguay; la plataforma “AcaEstamosUy” permite conectar, geolocalizar y ayudar a personas con dificultades por la pandemia. Finalmente, en Porto Alegre, Brasil; la plataforma “Brothers in Arms” en coordinación con la Secretaría Municipal de Salud ayuda a manejar la escasez de Equipos de Protección Individual con actividades como la compra, recogida y entrega de insumos sanitarios en hospitales.

Cabe destacar que dichas prácticas a su vez, se vinculan y contribuyen al cumplimiento de diversas agendas internacionales, fomentando mejores condiciones no solo para hacer frente a la actual pandemia, pero además para crear y fortalecer la resiliencia ante nuevos retos sanitarios que se presenten a nivel regional e internacional, cuya aparición aumentará en frecuencia e intensidad a causa del aumento de la población, la degradación ambiental y el cambio climático.

Por lo anterior, los actores locales, así como los tomadores de decisiones nacionales y los organismos internacionales, deben colaborar para generar una nueva normalidad post-COVID-19 que permita generar mejores condiciones de bienestar, reducir las desigualdades y generar un desarrollo en sintonía con las metas globales para la sostenibilidad.

En ese sentido, la pandemia del COVID-19 ha dejado en claro la importancia de la acción desde lo local, así como el papel de la innovación y de las herramientas tecnológicas para hacer frente a los retos más apremiantes para la humanidad.

Asimismo, en su informe de agosto del 2020, la CEPAL identifica el acceso universal al internet como condición necesaria para reducir las brechas de desigualdad en la región de América Latina, al mismo tiempo que alerta sobre las consecuencias que la falta de acceso y la mala calidad de las conexiones genera en tiempos de pandemia, en donde el grueso de las actividades humanas migra cada vez más a la virtualidad. Una carencia o insuficiencia de infraestructura para la conectividad, impide a los grupos vulnerables acceder a los nuevos espacios de interacción, aumentando las brechas de desigualdad entre las personas que pueden integrarse a la digitalidad y las que son excluidas de la misma.

La conectividad, entendida como el servicio de banda ancha con una velocidad adecuada y la tenencia de dispositivos de acceso, condiciona el derecho a la salud, la educación y el trabajo, al tiempo que puede aumentar las desigualdades socioeconómicas. (CEPAL, 2020)

Ante un mundo cambiante donde los retos superan la actuación del Estado, mismo que resulta insuficiente para ofrecer soluciones a las necesidades y demandas políticas, sociales, económicas y ambientales de la población, se hace necesario el fortalecimiento de actores del sistema internacional no tradicionales como las ciudades y comunidades locales en su interacción con los entornos digitales que aumentan e impulsan el acceso de las personas a oportunidades de participación en la toma de decisiones, a través de un sistema novedoso de gobernanza global, que contemple a estos espacios como elementos protagónicos en el escenario internacional para hacer frente a los retos actuales y futuros.

[1] “Nosotros introdujimos hace unos años el concepto de paradiplomacia, como un sustituto del término de Ivo D. Duchacek ‘microdiplomacia’“. Panayotis Soldatos, “Cascading subnational paradiplomacy world” en Douglas Brown y Earl H. Fry, States and provinces in the international economy, Regents of the University of California, Estados Unidos, 1993, p. 135 (trad. libre).

Bibliografía

Agamben, G., ŽiŽek, S., Nancy, J., Berardi, F., López, S., Butler, J., & Preciado, P. (2020). Sopa de Wuhan. Pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemias. Buenos Aires, Argentina: ASPO.

Ayala, L. (2014). La cooperación internacional subnacional versus diplomacia local: utilización de un concepto para la academia mexicana. Revista de Relaciones Internacionales de la UNAM, (120 y 121), 77-104.  http://www.revistas.unam.mx/index.php/rri/article/download/56208/49830

Castells, M. (2002). Globalización y antiglobalización. JE Stiglitz y M. Barlow, Pánico en la globalización. Bogotá, Colombia: Fica.

CEPAL (2020). Universalizar el acceso a las tecnologías digitales para enfrentar los efectos del               COVID-19. Informe especial No 7.

Gobierno de la Ciudad de México (2021). Plan Gradual hacia la Nueva Normalidad.  Recuperado el 24 de abril del 2021 de Medidas Sanitarias COVID-19: https://medidassanitarias.covid19.cdmx.gob.mx/

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OEA. (2020). Guía de acción política para enfrentar la pandemia del COVID-19. Recuperado el 19 de abril de 2021 de la Carta Democrática Interamericana: http://www.oas.org/documents/spa/press/La-CDI-Guia-de-accion-politica-para-la-pandemia-5.28.pdf

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<strong>José Daniel Arias Torres</strong>
José Daniel Arias Torres
<strong>Carlos Alfredo Sánchez Barón</strong>
Carlos Alfredo Sánchez Barón
<strong>Halel Yejudith Tobías Figueroa</strong>
Halel Yejudith Tobías Figueroa
Trump ¿2024?
Trump ¿2024?

Es marzo de 2022. Ha pasado poco más de un año desde ese episodio inolvidable que marcó un hito en la historia del poder político en los Estados Unidos: El asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021. Como se recordará, en dicha acción, una turba fue alentada por los llamados de grupos de simpatizantes de Donald Trump para interrumpir la sesión en el congreso estadounidense en donde tenía lugar la validación del proceso electoral que dio el triunfo a Joe Biden.

Ese alboroto, antecedido por un incendiario mitin denominado “Save America”, en donde el discurso del mismo Trump reiteraba la idea de fraude en la elección presidencial de 2020, motivó la movilización de sus partidarios para llevar a cabo dicha acción, la cual se juzga como inédita, inimaginable, e incluso de consecuencias no previsibles.

De acuerdo con Amanda Mars (El País, 2022), se estima que el 70% de los votantes de Trump consideran que hubo fraude en la elección de noviembre de 2020. Claro está que la idea fue puesta en los mensajes de Donald Trump, tanto antes como después del proceso electoral. El objetivo de esos mensajes era restar credibilidad a la elección y descalificar el triunfo de Joe Biden a pesar de lo obvio de los resultados.

Posterior a la elección, la abierta incomodidad de Trump y las intenciones de proseguir en el cargo al finalizar el periodo fueron preparando el propósito de arengar a sus simpatizantes y establecer una perspectiva de ficción, sustentada en el fraude y la promesa de continuar con el fortalecimiento del país, por lo que, para lograrlo, era necesario quedarse a la fuerza.

En el incidente del Capitolio, cientos de personas, entre las cuales algunas tenían atuendos tan llamativos, como el famoso -Q Anon-, ingresaron al recinto con el propósito de reventar la reunión de los congresistas. En cuestión de minutos, el fanatismo, la violencia, la sinrazón y el extremismo superaron al personal de vigilancia que se encontraba en el recinto, por lo que se procuró la evacuación inmediata de todos los legisladores ahí presentes.

Al interior del Capitolio, la destrucción, caos y vandalismo fueron los factores distintivos de este episodio. Para contenerlo, se recurrió al reforzamiento de la seguridad que trajo después a la Guardia Nacional y la implementación del toque de queda en Washington D.C. Asimismo, a pesar de la detención de numerosos manifestantes y la imagen amarga de un golpe a las instituciones más emblemáticas de la democracia estadounidense, la persistencia de ese mensaje de fraude -que fue diseminado por el mismísimo Trump- se afianzó en el ambiente sociopolítico del país.

Después de lo bochornoso de ese evento, la notoria necedad de Trump para aferrarse al poder, su proyecto de país y la pretensión del ideal “Let´s make America Great Again” quedó como un deseo reprimido que también hizo inolvidable el mensaje de “4 more years.” Este otro mensaje añadió la esperanza entre sus simpatizantes para dejar en claro que la intención de estar en el cargo, si no era en lo inmediato, habría que trazar la ruta hacia un periodo posterior.

A pesar de la censura de sus comunicados y la prohibición definitiva de sus mensajes en redes sociales y otros medios, Donald Trump se ha mantenido relativamente distante de los escenarios de la política nacional, aunque activo en algunas cuestiones consideradas como relevantes entre miembros del Partido Republicano. Así las cosas, en eventos en donde gobernadores de este partido tienen la oportunidad de mantenerse en foros abiertos al público (a pesar de la situación de pandemia), la oportunidad para presentarse, aunque sea durante algunos minutos, ha sido capitalizada por el mismo Trump para seguir hablando sobre “fraude”, “migración”, “frontera” y desde luego, otros temas, pero muy en especial, tomar la oportunidad para descalificar y atacar al gobierno de Joe Biden.

Uno de los casos llamativos, precisamente en la participación en público, ha sido el reciente mitin efectuado durante el mes de enero en Arizona, en donde el mismo discurso, los mismos temas y la credibilidad hacia la narrativa que se ha generado, es respaldada por sus seguidores, quienes habiéndose trasladado desde diferentes partes del país, se aprestan para mantener viva la expectativa de una restauración en el poder político. Suman a esta peligrosa polarización, tanto la idea de una presidencia débil del país personificada por Joe Biden y el cuestionamiento a los diferentes resultados en lo que va de su gestión, calificándolos como desastrosos (Colvin, 2022).

Abanderar estos y otros planteamientos -como si estuviera al frente del gobierno, o poniéndose en el lugar de un salvador nacional- han sido los mensajes distintivos de la intención de afianzar su deseo de ser el presidente de los Estados Unidos. Frases aproximadas a algo así como “si yo estuviera, tal situación no pasaría” o “eso no tendría cabida en un gobierno que yo encabezaría” rebasan la imaginación y revelan las ansias de estar de nueva cuenta en el cargo.

Un ejemplo representativo de estas ideas está a la vista en medios como el canal Newsmax. En dicho medio se han aventurado a exponer que en una encuesta correlacionada con esta tendencia. Tan sólo por mencionar uno de los diferentes argumentos sobre las supuestas capacidades de Trump, se destaca ahora que está en curso el conflicto entre Rusia y Ucrania que “el 62% de los votantes registrados creen que Vladimir Putin no habría invadido Ucrania si el expresidente Trump aún permaneciera en funciones” (sic). Aunado a ello, imágenes ad hoc se acompañan con argumentos como “He sido el único presidente de los EUA, en cuyo periodo, Rusia no invadió a ningún otro país” (sic). (Kim, 2022).

Todo esto y más, sucede a la par de una eventual preparación para regresar a la carrera política en el mediano plazo. En ese andar, el camino que podría llevar a esa posibilidad tiene, además de la censura, los escándalos sobre impuestos, las formas para salir avante en el proceso de impeachment del que fue objeto, el ocultamiento de información sobre aspectos considerados como corruptos durante su gobierno y la constante elusión de cuestionamientos sobre los hechos del 6 de enero de 2021.

¿Qué pasará con estas últimas fijaciones realizadas en torno a Trump como protagonista de acciones tan escandalosas? El aparato judicial y la habilidad para esquivar las responsabilidades ante asuntos de diferente magnitud lo han mantenido intacto de cualquier posibilidad de ser avalado de nueva cuenta como un aspirante al poder político del país.

Ahora bien, 2024 podría parecer aún distante en nuestro horizonte. Sin embargo, el tiempo sigue transcurriendo y el escenario sociopolítico de los Estados Unidos experimenta diferentes dinámicas. Entre ellas están el deseo de la sociedad de salir de las circunstancias de pandemia que nos ha atrapado a todos por más de dos años, la expectativa de afianzar la recuperación económica, retomar el ritmo de trabajo y como aspiración máxima, la normalización de la vida cotidiana en los mejores estándares.

El gobierno de Joe Biden se encuentra, al parecer, contra la corriente, pero cuenta con numerosos recursos y medios para superar estos retos. Desde el Plan de Infraestructura y los diversos apoyos a los desempleados, hasta diferentes tipos de ayuda a las empresas para recuperar el paso en sus actividades de mercado. Por otro lado, las tendencias que se desarrollan en el ámbito internacional, también imprimen presión y se entenderá que tomarán las mejores decisiones para salir adelante.

Este año, en el que se desarrollarán elecciones intermedias podrá ser un termómetro que medirá lo caliente o frío que se encontrará el ambiente político para preparar una prospectiva.

Durante 2022 habrá elecciones para renovar el 30% de las posiciones en el senado, así como las gobernaturas en 36 estados del país (incluyendo algunos como Arkansas, Idaho, Carolina del sur y Oklahoma con un fuerte perfil republicano). La situación que se presenta es un panorama de fuerte competencia entre contendientes de los partidos demócrata y republicano. Así las cosas y en el contexto de una polarización política que podría volver a manifestarse, este deseo de insurrección podría encontrar una forma de canalizarse y volver a posicionar a Trump en la ruta que lleva hacia 2024.

De concretarse las expectativas y con el desarrollo de una estrategia de reposicionamiento el Partido Republicano podría retomar el control del Congreso hacia finales de este año y empezar a marcar el ritmo de las tendencias.

En todas estas circunstancias, el entorno de un país dividido, con la posibilidad de volver a materializar la polarización que se vivió en los últimos años, la violencia racial, el rechazo a los migrantes y la visión de un país que requiere fortalecer sus fundamentos para sobresalir en el mundo, podrían ser algunos de los elementos que se harán notorios hacia finales de este 2022, y desde luego, a lo largo de 2023.

Cabe agregar que la actual clase política en el poder en los Estados Unidos, tiene los medios y estrategias para encauzar favorablemente las expectativas. Dependerá enteramente de la administración Biden, de sus principales operadores y también de los miembros del Partido Demócrata mantener el equilibrio y la posibilidad de alejar este escenario de la competencia política que viene. No obstante, crear la fuerza necesaria para así lograrlo llevará a un choque constante de posiciones sobre el futuro del país.

Este 1 de marzo inicia el proceso que dará forma a las elecciones primarias en el estado de Texas. Vienen después las del 8 de noviembre. Lo que derive de la contienda en la que estarán participando tanto los republicanos como los demócratas, podrá ir dando forma a la posible atmósfera que podrá preverse hacia 2023.

En perspectiva, 2024 también estará al alcance. Ese espíritu exhibido el 6 de enero de 2021, de intenciones supremacistas, extremistas, nacionalistas y que han erigido la imagen de Trump podrían regresar a la escena a través de fuertes reivindicaciones para recuperar su posición.

Con Donald Trump, tan influyente y poderoso, y pensando si podría ser de nueva cuenta el candidato que se postule a la presidencia en 2024, estará tanto en el éxito de su estrategia y en las manos de los miembros del Partido Republicano. Haber sido el presidente 45 de ese país y conseguir la postulación para ser el número 47, dependerá también de cómo se vayan concretando las estrategias de su círculo político inmediato.

Referencias:

Charles, Kim. Poll: 62% of registered voters think Putin wouldn´t invade with Trump in WH. 26 de febrero de 2022. Newsmax. Extraido el 27 de febrero de 2022 de  https://www.newsmax.com/politics/trump-putin-russia-biden/2022/02/26/id/1058657/

Colvin, Jill. Trump encara obstáculos en intento por retomar la presidencia. Los Angeles Times. Extraido el 26 de febrero de 2022 de https://www.latimes.com/espanol/eeuu/articulo/2022-01-29/trump-encara-obstaculos-en-intento-por-retomar-presidencia

Mars, Amanda. La gran mentira de Trump comienza su segundo asalto. El País. Extraído el 24 de febrero de 2022 de https://elpais.com/internacional/2022-01-06/la-gran-mentira-de-trump-comienza-su-segundo-asalto.html

<strong>Dr. Juan Roberto Reyes Solís. </strong>
Dr. Juan Roberto Reyes Solís.

Analista internacional

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